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La expresión manuscrita del artículo 6 de la Ley 1/2013 (II)

19 jun. 2014
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Expuesta en el anterior post una reflexión general sobre la expresión manuscrita del artículo 6 de la Ley 1/2013, voy a exponer ahora una serie de críticas y dificultades que nos hemos ido encontrando quienes hemos tenido que aplicar y explicar dicha cláusula.

 

La escritura pública no es el lugar adecuado

 

En mi opinión, dicha figura debería haberse ubicado temporalmente, dentro del proceso de contratación hipotecaria, en el momento de entrega y firma de las FIPER o FIPRE, para no alterar la esencia de la escritura pública ni de la intervención notarial. 

 

Y ello porque el artículo 6 titula “en la comercialización de los préstamos hipotecarios”, y comercialización es lo que hace la entidad financiera en la oficina, no lo que se hace en la notaría. No obstante, es el propio texto el que luego dice que se debe incluir en la escritura pública, por lo que, aún con contradicción, no hay duda de que debe incorporarse, y tras la Resolución de la Dirección General de los Registros y del Notariado de 5 de febrero de 2014, someter su existencia a calificación registral. 

 

Además la intervención notarial es meramente formal, ya que se limita a incorporar a la matriz un folio redactado por el cliente. No se menciona que se deba escribir en la notaría, ni que el notario deba ver cómo la escribe, ni que deba preguntar si entiende lo manuscrito, ni que deba legitimar la firma del cliente. No obstante, la prudencia y el sentido común sí aconsejan que se ponga especial énfasis en todo ello para admitir la incorporación a la matriz.

 

Copiar algo a mano no significa comprender qué se ha escrito

 

Otra crítica es que la forma no es adecuada. Según la Ley, lo que realmente importa, y lo que va a proteger al deudor hipotecario, es copiar literalmente un texto preconcebido por el Banco de España. En lo que no parece reparar el legislador es que escribir que se entiende algo no significa que se haya entendido, y menos si se copia un texto preconfigurado. A mí eso me lo enseñaron mientras estudiaba la oposición: por mucho que repitas un tema, si no lo entiendes, no lo entiendes. 

 

Ese es otro error en la concepción de esta cláusula, pues parece estar pensada para cubrir otro formalismo más,pudiendo incluso llegar a ser perjudicial para el consumidor, pues su suscripción, podría llegar a obstaculizar una posible impugnación por éste y ser contrario al propio enunciado del artículo 6, que habla de “fortalecimiento de la protección del deudor hipotecario”. Amén de que, como se ha comentado en muchos foros, reconoce directamente la existencia y posible pacto de las cláusulas suelo y techo.

 

Lo mejor sería una buena información y control preventivo

 

La tercera crítica se centra en la poca protección que concede al deudor. Es importante que se informe cada vez más, mejor y de manera más clara al deudor, obligando a la entidad financiera a entregar cada vez más documentación precontractual, para evitar las asimetrías entre partes. 

 

Si al legislador no le parece suficiente la lectura y explicación de dichas cláusulas por el notario, lo que supone implícitamente una desconfianza injustificada, y una insinuación de incumplimiento de los deberes de información que nos competen, entonces que permita al notario ejercer efectivamente el control de legalidad notarial

 

De hecho, en la escritura consta la existencia y efectos de dicha cláusula de manera separada, y al final de ella se vuelve a advertir de la existencia de las cláusulas. Cuestión distinta y complementaria es que el consumidor no llegue a entender esa información, y para eso también se precisa una posición proactiva de éste tanto en el momento de la firma como antes de ésta, actitud que, afortunadamente, se ve cada vez más en los despachos notariales.

 

Lo peor, las situaciones generadas en la notaría

 

Complemento de esa débil eficacia, son las dificultades que la cláusula manuscrita ha provocado en los despachos notariales, que han sido enormes, ya que retrasa y burocratiza el proceso de lectura, explicación y firma de la escritura. En el mejor de los casos hay un deudor, pero normalmente, hay varios, y todos ellos deben copiar la cláusula por separado, con lo que la sala de firmas previa a la escritura parece una clase en la que los alumnos están copiando o ensayando un dictado.

 

A los extranjeros explicarles la medida también les provoca una mezcla de enfado y resignación. No olvidemos que si el prestatario no entiende o no conoce el idioma español, el documento se redactará en el idioma extranjero que corresponda si éste es conocido por el notario. Si el notario no conoce el idioma, el documento se redactará además en el idioma extranjero siendo precisa la intervención del intérprete, añadiendo un compareciente más a la escritura, otra situación atípica y, en ocasiones, un gasto más. 

 

Además, en este caso, el intérprete asume la responsabilidad de manifestar que el texto escrito en el idioma extranjero coincide con el texto castellano impreso. Al intérprete se le hace responsable de la coincidencia del texto, pero, teniendo en cuenta que en el texto consta que el prestatario es consciente de que existen estas circunstancias en su préstamo, podría ser indirectamente responsable si el prestatario no lo ha comprendido realmente.

 

Además, y desde el punto de vista humano, explicarle a una persona que tiene que coger un folio en blanco y copiar como en el Colegio una texto como ese, es difícil. Explicárselo a una persona que tiene dificultades para escribir, es muy complicado, pero explicarle a una persona que no sabe escribir que a su hipoteca tienen que venir testigos para redactarlo en su nombre, es imposible. Ver como una persona con alguna enfermedad que dificulta su movilidadtiene que hacer verdaderos esfuerzos para copiar la cláusula, es inconcebible. También lo es que una persona que a duras penas puede firmar, nerviosa y afectada, tenga que copiar un texto que probablemente no comprenda. 

 

Y todo ello para protegerles. Si al menos la protección fuera real y efectiva…