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Cinco cualidades que pueden hacer del notario buen mediador

24 jul. 2014
SOLUTIO LITIS

Que la mediación es uno de los ámbitos jurídicos que está en expansión y promoción es algo de lo que no cabe duda. Que una gran cantidad de profesiones, jurídicas y no jurídicas, están destinando una parte importante de su tiempo y esfuerzo a promover la mediación y a formar a sus colegiados, también es algo notorio.

 

Hay profesionales que se dedican exclusivamente a la mediación a tiempo completo, sin que ejerzan otra profesión complementaria. También hay mediadores que dividen o comparten su tiempo entre la mediación y otra profesión, en cuyo caso es (o al menos debe ser) independiente esa otra profesión de la mediación, ya que uno puede ser, por ejemplo, muy buen abogado pero muy mal mediador, o muy mal psicólogo pero muy buen mediador. 

 

Eso significa que cuando un mediador está desarrollando su función, lo hace como mediador, no como médico, abogado o notario. A pesar de eso, lo que es innegable es que la profesión que uno desempeña todos los días conforma la persona, y siempre deja un poso de conocimiento, actitud y predisposición que es muy difícil de eliminar cuando se ejerce la mediación.

 

Cuando en el Colegio Notarial de Valencia hacíamos los cursos sobre mediación en la Fundación Notarial Solutio Litis, lo primero que comentábamos los notarios cuando nos preguntaban por qué introducirnos como colectivo en la mediación, es que éramos mediadores natos, pues todos los días mediábamos en nuestro despacho entre las partes que acuden a nosotros. Luego descubrimos que siendo esa frase correcta (yo sigo pensando que, en cierto modo, lo es), es a la vez incorrecta, pues la “mediación” que hacemos en nuestro despacho es distinta de la mediación como sistema de resolución de conflictos, cuya técnica y desarrollo es propio y distinto de la técnica notarial.

 

No obstante, pese a la inexactitud de esa afirmación, lo cierto es que el hecho de ser notarios, de ejercer una profesión jurídica y de estar en constante contacto con personas, familias y sociedades con conflictos, hace que el notariado como colectivo tenga una base natural muy positiva para la resolución extrajudicial de conflictos, en particular para el ejercicio de la mediación. De hecho, el notariado está configurado como el eje central de la actividad extrajudicial pública, siendo la seguridad jurídica preventiva una forma de evitar el conflicto actual o futuro.

 

Dicho de otro modo: ser notarios no nos convierte automáticamente en mediadores, pero nos pone en una situación óptima para ser buenos mediadores. Por eso, en mi primer post sobre la mediación quiero intentar exponer cuáles creo que son esas particularidades y ventajas que el notariado puede aportar a la resolución extrajudicial de conflictos y que pueden hacer que la mediación sea también terreno notarial. De todas, destaco las cinco siguientes:

 

1. El notario es el tercero imparcial por definición. Si la imparcialidad es la inexistencia de compromiso o vinculación con una de las partes, los notarios por concepto y por ley somos imparciales. Dentro de nuestras funciones se encuentra la del asesoramiento imparcial a todos los implicados en un negocio jurídico, por lo que estamos acostumbrados a la equidistancia, a no decantarnos por ninguna de las partes que acuden a nuestro despacho.

 

2. El notariado es una institución en la que confía la sociedad. Este es otro rasgo esencial: la confianza que en el notario tienen los clientes hace que se perciba al notariado como un tercero que ayuda a eliminar problemas jurídicos integrando a todas las partes implicadas. Del mismo modo que son las partes las que firman la escritura, que conforma el notario, en la mediación son los mediados los que llegan a un acuerdo asistidos por el mediador.

 

3. El notario practica diariamente la escucha activa. Los notarios somos confesores de nuestros clientes, que nos dan mucha información personal, familiar y patrimonial. En ocasiones, como datos para redactar escrituras, en otras para justificar sus actuaciones y en otras solamente para desahogarse. Por ello, estamos en constante contacto con los problemas subyacentes que cierto tipo de documentación, especialmente la hereditaria y societaria, puede generar.

 

4. El notario es neutral. La neutralidad, aunque similar a la imparcialidad, significa dejar en manos de las partes el acuerdo, promoviendo que las partes busquen soluciones. En este sentido es en el que quizás los notarios tengamos que tener una mayor prudencia, ya que muchas veces en nuestros despachos los clientes nos demandan una solución, y en la mediación, aunque tengamos claro desde el principio cuál es la solución jurídica más adecuada, no podemos influir en los mediados. No dista de todos modos mucho de la prudencia que deben tener los abogados, ya que ellos, además de que por concepto son defensores de parte, también pueden son requeridos para dar una solución al problema de su cliente.

 

5. El notario como mediador integra a otros profesionales. Al menos, la Fundación Solutio Litis, en sus estatutos y en el Convenio firmado con el Consejo General del Poder Judicial se exige que cada mediado concurra asistido de su abogado de confianza a la sesión informativa y al desarrollo posterior de la mediación, para garantizar un debido asesoramiento por parte de estos a los clientes.