Blog

Herencias con bitcoin: Un caso de ¿futuro?

31 jul. 2014
Captura de pantalla 2014-07-31 a la(s) 10.08.57

Tras los dos posts relativos a la herencia digital, concretamente los dedicados a la transmisión mortis causa de archivos digitales y la transmisión relacionada con el correo electrónico y redes sociales, este post pretende acercarse al caso de existir en la masa hereditaria dinero o medios de pago virtuales, incluyendo todos los casos en los que, con dinero real, se compra dinero virtual. Quizás el ejemplo más claro sea el bitcoin (o cualquier asimilado), pero también podría aplicarse a las tarjetas o monederos electrónicos (al portador o nominativos) o a las cuentas abiertas en tiendas de aplicaciones o software que tengan saldo a favor del causante.

 

Digo que este post “pretende acercarse” porque si las cuestiones que plantea algo que está tan intrínsecamente ligado a nosotros, como los archivos digitales o las redes sociales, contiene numerosas lagunas  e interrogantes jurídicos, hoy por hoy, el campo de las monedas virtuales es un gran desconocido, especialmente entre los operadores jurídicos que no se dedican técnicamente a ello. 

 

Los pocos artículos que he podido leer sobre la herencia y el bitcoin se sitúan más en el derecho anglosajón, cuyo sistema testamentario y sucesorio difiere en muchos puntos del nuestro, por lo que éste pretende ser un acercamiento al tema desde el punto de vista del derecho sucesorio español. De hecho, fue recientemente, el notario Ignacio Gomá quien al constituir una sociedad limitada con aportación de bitcoin provocó para muchos, entre los que me incluyo, el primer acercamiento entre el bitcoin y la escritura notarial.

 

Las monedas virtuales forman parte del patrimonio sucesorio.

 

Parece claro que las monedas virtuales, al menos de momento, no tienen la consideración de dinero de curso legal, como defiende en este excelente post el abogado Pablo Fernández Burgueño sino de derecho susceptible de valoración económica. 

 

Por eso, está fuera de toda duda que, como la herencia comprende todos los bienes, derechos y obligaciones de una persona que no se extinguen por su muerte, las monedas virtuales, en cualquiera de sus formas, forman parte del patrimonio hereditario de sus titulares. Por tanto, hay que partir de la transmisibilidad de esos derechos conforme a las reglas sucesorias generales, pero, como en todo lo tocante al mundo digital, adecuándolos a las peculiaridades propias del objeto transmitido: su carácter y almacenamiento electrónico, y la existencia de claves privadas.

 

Para que el heredero conozca su existencia, es aconsejable hacer testamento notarial.

 

Derivado del almacenamiento exclusivamente electrónico y de la general opacidad de muchos de esos medios de pago virtuales encontramos el primer problema: que los herederos conozcan su existencia. Por supuesto, como puede ocurrir con el resto de bienes digitales o muebles de una persona, éstos pueden quedar sin reflejo testamentario. 

 

La cuestión aquí es que los bitcoines, cualquiera que sea su cuantía, no son bienes que puedan ser conocidos, notorios, comunes y de fácil acceso al heredero. La cuestión es importante, ya que puede ocurrir que en algún momento la parte de dinero o medios de pago virtuales que formen parte de la herencia sea cuantiosa, y haya que valorar, computar, declarar y tributar por ella conforme a las reglas generales.

 

Por supuesto, si su titular quiere evitar esa opacidad no tiene más que hacer constar en testamento la existencia de esos derechos patrimoniales. El testamento notarial, además de secreto, permite un adecuado asesoramiento y el desarrollo de la autonomía de la voluntad a un coste asequible

 

Ahora bien, el contenido testamentario ya queda al arbitrio del testador, como ocurre con tantas otras cosas de especial valor (joyas, contenido de cajas de seguridad, etc.): Cabe hacer legados o establecer condiciones, facilitar la localización de los derechos, determinar quién tiene derecho a canjear, utilizar o convertir en metálico los mismos, etc. 

 

No es necesario, e incluso puede no ser conveniente, que el propio testamento detalle cuantía (al igual que no se suele detallar en testamento la cuantía de las cuentas bancarias), valor (por su variabilidad) o las claves.

 

La comunicación de las claves de acceso, cuestión fundamental.

 

Precisamente, el segundo problema está relacionado con el hecho de que la titularidad de las claves de acceso es personal y privada, por lo que su revelación en cualquier documento que no sea un testamento notarial, por las garantías de seguridad y secreto de protocolo, podría suponer la pérdida total de la inversión realizada. 

 

No es recomendable ceder las claves que permiten recuperar o transmitir las monedas virtuales a otra persona. Del mismo modo, tampoco es recomendable distribuir las claves entre varias personas, ni acudir a complejos sistemas de cruce de datos. No obstante, se suele decir que, en cuestiones de confianza, “busca la confianza allá donde la dejaste”.

 

De hecho, incluso el testamento notarial, gozando de la protección del protocolo, puede ser insuficiente según los casos concretos, al ser accesible a todo heredero con derecho a copia, por lo que podría ser interesante, como ocurre para archivos digitales o para claves de acceso a redes sociales o correo electrónico, referirnos a otra escritura pública cuyo acceso sí sea reservado en la que se consignen los datos privados que dan acceso al monedero virtual. Esa otra escritura podría ser un testamento no revocatorio, un acta de manifestaciones, de protocolización o incluso de depósito notarial. 

 

En estos casos, el interesado podría modalizar el acceso a dichos datos determinando quién tiene derecho a copia o a la restitución del depósito. No obstante, lo cierto es que el heredero siempre va a tener interés en conocer e investigar el verdadero patrimonio del fallecido, por ejemplo para vigilar su legítima o pagar a los acreedores hereditarios. Por ello, es complicado restringir u ocultar al heredero parte de los bienes hereditarios, mediante la limitación del derecho de copia.

 

¿Y una vez he fallecido, qué sucede con mi inversión?

 

Conforme a las reglas sucesorias generales, si una persona fallece con testamento, se estará a lo que este determine, según lo visto. Si fallece sin testamento, esos bienes o derechos corresponden quienes legalmente son sus herederos abintestato, que tienen los mismos derechos y facultades que los herederos testamentarios. La declaración de quiénes son dichos herederos se realizará, cuando sean descendientes, ascendientes o cónyuge, por notario, y en el resto de casos, por el Juez competente.

 

Sea como fuere, haya o no testamento, lo primero es localizar la inversión. Es necesario que alguien conozca la existencia de, por ejemplo, los bitcoines, y entregue al heredero, si no la tiene ya, la clave de acceso. Es importante destacar que es el heredero, salvo que en testamento se consigne otra cosa, quien tiene que localizar, inventariar y administrar el patrimonio del causante.

 

El heredero sucede en la posición jurídica que tenía el titular de las monedas virtuales, y por tanto puede proceder a su conversión en dinero convencional, por la vía procedente en cada caso (venta, conversión, etc.) del mismo modo que el titular podía. Si son varios los herederos, habrá de procederse de común acuerdo. No obstante, lo lógico sería permitir al heredero traspasar el saldo virtual que quedara en la cuenta del causante a una cuenta propia de la misma moneda virtual, sin alterar en contenido económico del derecho en concreto pero permitiendo su aprovechamiento. 

 

La valoración de los bitcoines

 

A primera vista, una importante dificultad sucesoria deriva de la fluctuación del valor de las monedas virtuales. Si en las herencias en general, es común ver herederos que se pelean por el valor de los bienes, ya sean muebles o inmuebles, imagino que una herencia en la que existan bitcoines debe ser ya un combate a vida o muerte. 

 

Nada más lejos de la realidad, porque precisamente,  para estos bienes existe la posibilidad de conocer exactamente cuántos y qué valor tenían a fecha de fallecimiento, debido a la existencia de registros y webs accesibles al público. Ello es especialmente importante cuando hay que convertir a moneda oficial, y habrá que hacerlo al menos nominalmente para determinación del valor, por ejemplo, a efectos fiscales y de cálculo de masa hereditaria, para el correcto cómputo del caudal hereditario, legítimas o tributación.