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Las Sociedades Civiles tras la reforma fiscal de 2014

12 may. 2015
Sociedades

El siguiente post es fruto de la aportación de Don Javier Soto, licenciado en derecho por la Universidad Autónoma de Madrid en 1989 y desde hace veinte años oficial en la Notaría de Telde. Me planteó por Twitter la posibilidad de tratar este interesante tema en el blog, a lo que contesté con el ofrecimiento de que confeccionara un post para su publicación, ofrecimiento que se ha plasmado en la siguiente colaboración, que agradezco y espero no sea la última.

 

 

Las Sociedades Civiles y la reforma fiscal de 2.014: Su transformación en SL.

 

 

Una de las consecuencias de la Reforma Fiscal de 2.014 plasmada en la Ley 26/2014 de 27 de noviembre es la conversión de las Sociedades Civiles con objeto mercantil en contribuyentes del Impuesto de Sociedades a partir del 1 de enero de 2.016, lo que implica que a partir de dicha fecha dejarán  de atribuir renta a sus socios.

 

Hasta ahora el régimen fiscal de atribución de rentas implicaba dividir el rendimiento obtenido por la sociedad entre cada uno de los socios, proporcionalmente a su participación en la Sociedad Civil, que será declarado por cada uno de ellos en su IRPF. A partir del 1 de enero de 2.016 las Sociedades Civiles tributarán por su beneficio por el Impuesto de Sociedades aplicándoles las reglas de dicho impuesto. Sin perjuicio de estar a cada caso concreto, en principio, parece un cambio perjudicial para el Obligado Tributario que se traducirá en una mayor tributación.

 

Personalmente siempre he pensado, y el art. 116 del Código de Comercio es muy claro en este sentido, que las sociedades que tienen por finalidad la obtención de lucro han de revestir forma mercantil. Más aún si tenemos en cuenta que la responsabilidad que se pueda derivar de una sociedad de capital está limitada mientras que la responsabilidad derivada de una sociedad civil es universal. 

 

 

¿Son las sociedades civiles más rápidas, sencillas y baratas?

 

 

No obstante, es innegable que muchas personas se decantan por elegir la forma civil en lugar de la mercantil a la hora de elegir como organizar su sociedad. Fundamentalmente los que optan por esta forma de organización argumentan que las Sociedades Civiles son más rápidas, sencillas, y baratas. Esta afirmación, sin embargo debe ser matizada.

 

Rapidez. Me consta por experiencia propia que la constitución de una sociedad limitada (utilizaré este tipo de sociedad por ser el más común y sencillo entre las mercantiles) desde que se toma la decisión de crearla hasta su total inscripción en el Registro Mercantil no lleva más de cinco días hábiles. 

 

Analicemos el proceso de creación de una sociedad limitada. Una vez adoptada la decisión y alcanzados los acuerdos básicos de denominación, domicilio, objeto, capital y forma de administración se ha de verificar que la denominación elegida no coincide ni induce a error con otras sociedades ya existentes. Ello se ha de acreditar con una certificación de denominación que expide el Registro Mercantil Central. Dicha certificación se puede obtener vía telemática desde la página web del Registro Mercantil Central evitando desplazamientos y agilizando el trámite. 

 

Es de destacar que actualmente los Notarios pueden obtener las citadas certificaciones desde sus propias aplicaciones lo que agiliza todavía más el trámite. Tras esto se ha de realizar el desembolso de capital de lo que hablaré más adelante. Llegamos al otorgamiento de escritura pública cuya redacción y elaboración, junto con sus Estatutos Sociales, por parte del Notario, dependiendo del trabajo del despacho notarial y del grado de complejidad que queramos darle a nuestra sociedad, se realiza en 24 ó 48 horas por término medio. 

 

Una vez otorgada la escritura se solicita el CIF provisional. Acto que se tramita desde la misma Notaría en la que se formalizó la escritura y es prácticamente inmediato. En horas o en un día como máximo, si otorgamos la escritura fuera de horario, ya tenemos asignado dicho CIF. A partir de ese momento ya podemos operar con nuestra nueva sociedad. 

 

Pero, aún más, sólo quedan dos trámites para que nuestra sociedad quede totalmente constituida: la liquidación de impuestos y la inscripción en el Registro Mercantil. Ambos trámites se pueden realizar desde la Notaría en la que se otorgó la escritura fundacional sin necesidad de nuevas molestias ni desplazamiento del ciudadano. Resultado práctico, sin necesidad de acudir a otras instancias que no sea el Notario puedo estar operando con mi nueva sociedad en dos días y tenerla en situación regular, constituida e inscrita en aproximadamente una semana.

 

Sencillez. Como acabamos de ver el trámite de creación no puede ser más sencillo. Sobre todo teniendo en cuenta que vamos a contar con la participación de un Notario que no sólo nos va a ayudar y asesorar al respecto, sino que además agradece hacerlo. Cierto es que la forma mercantil conllevaba hasta la mencionada reforma fiscal más obligaciones formales que la forma civil, llevanza de libros, contabilidad mercantil, presentación de cuentas anuales. Obligaciones que tras convertir a las Sociedades Civiles en contribuyentes del Impuesto de Sociedades prácticamente se equiparan. 

 

En consecuencia, las Sociedades Civiles no van a ser mucho más sencillas de llevar que las mercantiles. En mi opinión, no se deben de ver esas obligaciones como complicaciones a la sociedad, sino como instrumentos facilitadores de la vida de la sociedad tanto para su ejercicio, como para la relación entre los socios, como para operar en el tráfico económico. 

 

Economía. El coste de constituir una sociedad limitada varía en función de su capital social. Una SL de capital mínimo (3.000 €), incluyendo Notario, impuestos (exento) y Registro Mercantil suele rondar los 300 €, algo más si hay que incluir el coste de la certificación negativa de denominación. El coste de creación de una Sociedad Civil, teniendo en cuenta que por lo general habrá que acudir a un experto que nos redacte el contrato de sociedad y sus estatutos será muy similar, si no superior.

 

 

El desembolso de capital y la responsabilidad en la sociedad creada.

 

 

Mención especial merece el desembolso del capital. La Ley establece un capital social mínimo para la constitución de la sociedades mercantiles que para el caso de las Limitadas es de 3.000 €. Ese capital sólo es indisponible hasta que la sociedad esté inscrita pudiendo utilizarse a partir de ese momento. Y, además, no necesariamente ha de ser en efectivo. Cabe la posibilidad de aportaciones no dinerarias valorables económicamente. El capital no es un coste de la sociedad sino aquellos bienes, dinero o industria que ponen los socios en común.

 

Si a todo lo anterior le añadimos que la responsabilidad que se pueda derivar de una sociedad de capital está limitada mientras que la responsabilidad derivada de una sociedad civil es universa,l es mi opinión que a partir del 1 de enero de 2.016 la forma más adecuada para las uniones de personas que ponen en común dinero, bienes e industria para la obtención de un lucro ha de ser la sociedad mercantil de capital.

 

 

¿Qué pasa con las sociedades hasta ahora civiles con objeto mercantil?

 

 

La Ley 26/2014 de 27 de noviembre prevé un régimen especial para aquellas sociedades civiles con objeto social de carácter mercantil que decidan disolverse siempre y cuando lo acuerden en los primeros seis meses de 2.016 y efectivamente lo formalicen en los seis meses siguientes a la adopción del citado acuerdo.

 

Pero si lo que quiero es continuar con la sociedad y no disolverla ni liquidarla, teniendo en cuenta todo lo anterior, es mi opinión que se debería optar por la transformación de la sociedad civil en una sociedad mercantil de capital, normalmente en sociedad limitada. De este modo los socios verían limitada su responsabilidad que dejaría de ser universal como hasta ahora.

 

 

La transformación de la sociedad civil en sociedad de responsabilidad limitada.

 

 

La transformación de una sociedad civil en una sociedad de responsabilidad limitada es un acto sencillo y económico, recordemos que no sujetas por Operaciones Societarias y exentas por Actos Jurídicos Documentados. Cierto es que necesariamente conllevará el otorgamiento de una escritura pública. Pero eso, lejos de ser un inconveniente, como algunos equivocadamente opinan, es una gran ventaja, dado que implica la intervención de un Notario que gustosamente me va a guiar, aconsejar y asesorar. 

 

Requerirá acuerdo unánime de los socios. Entiendo que no existe problema si alguno de los socios decide separarse de la sociedad para que los demás continúen con el acuerdo de transformación ya que la Ley prevé mecanismos en tal sentido. Requerirá también la redacción de unos estatutos sociales que contengan los requisitos necesarios para el tipo de sociedad elegido. 

 

Sobre este punto una precisión: Lo usual es utilizar estatutos “pret a porté” con un contenido mínimo y testado, pero cabe la posibilidad de confeccionar un verdadero traje a medida de nuestras necesidades (diferentes clases de  participaciones, requisitos especiales a la transmisión de participaciones, quórums reforzados…). Y en este punto, otra vez, contamos con la ayuda del Notario. En cuanto al capital social será el valor real de la propia sociedad civil, sin perjuicio de aportaciones complementarias en caso de que no se alcanzare el capital social mínimo.

 

En conclusión, la reforma fiscal de 2.014 en lo que respecta a las sociedades civiles puede llevar a un perjuicio para el obligado tributario por ocasionarle una mayor tributación, pero, aprovechemos la coyuntura y transformemos nuestras sociedades civiles en mercantiles de capital. De este modo nos podremos beneficiar de todas sus ventajas. Fundamentalmente la limitación de responsabilidad de los socios.