Blog

Las relaciones del Notario con otros profesionales legales #retoblog

25 may. 2015
Retoblog

Una semana más nos metemos de lleno en un #retoblog, promovido esta vez por Sara Molina Pérez-Tomé desde Marketingnize, para tratar un tema que puede ser polémico, bastante polémico o muy polémico: las relaciones profesionales en el sector legal.

 

 

¿Y los Notarios cuentan como sector legal?

 

 

Pues en mi opinión, sí. Yo soy Notario, entro dentro de ese sector legal porque soy un operador jurídico más junto a abogados, procuradores, administradores de fincas, asesores o mediadores. De hecho, yo además de Notario soy mediador en la Fundación Solutio Litis del Colegio Notarial de Valencia.

 

Cierto es que los Notarios, junto con los Registradores,  tenemos unas características propias que nos diferencian del resto de operadores jurídicos: Somos a la vez funcionarios públicos y profesionales del derecho. Eso hace que haya dos puntos de vista que van a informar cualquier aspecto de la relación con el resto de profesionales jurídicos: el ejercicio de autoridad pública y la imparcialidad.

 

En este sentido, como funcionarios públicos especiales ejercemos un poder público y por ello nuestro estatuto está profundamente reglado, de modo que desde nuestra organización interna, hasta la demarcación de las notarías pasando por el arancel o la publicidad vienen regulados desde el Gobierno sin que tengamos posibilidad de incidir en esas materias. Además, nuestra función no es de parte sino que debemos procurar asesorar de manera imparcial y el equilibrio entre los contratantes, como dice el artículo 147 del Reglamento Notarial.

 

 

El Notario y el resto de operadores jurídicos.

 

 

La relación del Notario con el resto de operadores jurídicos podría resumirse de manera sencilla: Al Notario los profesionales jurídicos van cuando sus clientes necesitan un documento público. Dicho así parece una obviedad. Y lo es, porque nadie va al Notario por ir, pero podemos profundizar un poco más en esta aparentemente neutra afirmación.

 

Quizás el caso más claro de relación profesional con los Notarios sea el de los abogados, cuya interacción (me he prometido a mí mismo no hablar en todo el post de “sinergias”) es la más conocida y frecuente, pero por otro lado, también los asesores fiscales están en contacto con el Notario para configurar los deseos de sus clientes y tratar de evitar las nefastas consecuencias de un mal asesoramiento fiscal. En el otro lado, los procuradores, que agotan su actuación en el proceso judicial, no suelen tener interacción directa con el Notario, más que únicamente de modo mediato por la vía del abogado en su designación como apoderados para pleitos.

 

Con ello, lo que quiero decir es que hay escasa competencia entre los operadores jurídicos mencionados y los Notarios, y todos ellos, en algún momento, necesitan que sus clientes otorguen un documento público. Y es en ese momento cuando se plantea la duda: ¿A qué Notario voy? ¿Puedo establecer una relación comercial con alguno?

 

Para responder a estas preguntas, hay que analizar las limitaciones que el Notario tiene en la proyección pública de su profesión, comenzando por la ubicación del despacho notarial, pasando por la competencia entre compañeros y los aranceles y publicidad.

 

 

El despacho notarial y las limitaciones del Reglamento Notarial.

 

 

El Notario no puede ejercer su función dónde y como quiera. Concretamente, dice el artículo 3 del Reglamento Notarial que la jurisdicción notarial se extiende exclusivamente al Distrito Notarial en que está demarcada la Notaria. Complementa esta afirmación el artículo 116 al decir que los Notarios carecen de fe pública fuera de su respectivo Distrito Notarial.

 

Las limitaciones legales de establecimiento están basadas en la necesidad de adecuar la prestación del servicio notarial al lugar concreto, fundamentalmente para garantizar que todos los municipios, por pequeños que sean, tienen cerca a un Notario. Pero también para distribuir el número de notarios en función del número de habitantes y la frecuencia e importancia de las transacciones económicas.

 

Esto implica que un abogado de Valencia con el que yo tenga mucha amistad debe traerse a sus clientes a Ayora para que les pueda firmar una escritura, y no puedo hacerlo yo en Valencia. La restricción territorial, por tanto, ya es un freno a cualquier relación que pudiera establecerse, aunque sea derivada de la simple amistad o confianza.

 

 

La restricción en materia de ubicación de despachos dentro del municipio o Distrito.

 

 

Por otro lado, en relación a la ubicación de la oficina notarial, del artículo 42 del Reglamento Notarial extraemos que no podemos tener más de un despacho en la población de residencia ni en otra del distrito, sólo cabe un despacho auxiliar previa autorización de la la Junta Directiva y siempre que lo aconsejen las necesidades del servicio.

 

La Junta Directiva también debe autorizar que haya más de un despacho notarial en un mismo edificio, o que un Notario fije su despacho en el mismo edificio en que haya tenido instalado su despacho otro Notario, a menos de haber transcurrido tres años o tratarse de población donde exista demarcada una sola Notaría.

 

Además, para que un mismo local actúe más de un Notario se requerirá autorización de Junta Directiva, pero en ningún caso podrán las Juntas Directivas conceder autorización para que dos o más Notarios tengan su despacho, separadamente, en un mismo edificio o para poder actuar en un mismo local, cuando lo pretendan todos los Notarios de la población.

 

 

Las relaciones de los Notarios entre sí: La correcta aplicación del arancel.

 

 

Una vez visto dónde y cómo debe ubicarse la oficina notarial, podemos plantearnos cuestiones de competencia: El Código de Deontología Notarial ya dice que todos los Notarios deben respetar las reglas de la leal competencia, y, por tanto, mantener entre sí reciproca lealtad, respeto mutuo y adecuado compañerismo. Eso, afortunadamente, suele ser así, lo cual no obsta a que haya algunos pocos artistas que tengan un concepto individualista del compañerismo.

 

Una garantía de esa libre competencia notarial es la fijación de un arancel único para todos los Notarios y su leal aplicación por todos los Notarios. Por eso, son de especial importancia en este punto las normas del arancel, aunque su complejidad sea tal que muchas veces resulte difícil que se sigan criterios homogéneos. La idea que subyace es que no cabe mercadear con la fe pública en base al precio a pagar por el usuario.

 

En este punto, el Código Deontológico califica de conductas reprobables en relación con la aplicación del arancel Notarial algunas que el propio arancel ya prohibe, como la dispensa parcial de derechos arancelarios ya sea por descuentos superiores a los permitidos (el máximo permitido es el 10 por cien) o, cuando tratándose de documentos que instrumenten actos conexos, se dispensen los derechos arancelarios de alguno o algunos de ellos. Añado yo, que podría ser de aplicación el mismo régimen al caso de un documento con varios conceptos en que no se minuten alguno o alguno de ellos.

 

Recordemos que el régimen es distinto del que tenían los anteriores Corredores de Comercio colegiados, que al tener el carácter de aranceles de máximos, permitían aplicar los descuentos que estimaran pertinentes. Cabe tener en cuenta que los Corredores de Comercio colegiados adquirieron poco después el carácter de Notarios, por lo que sus actuaciones pasan a estar regidas por la normativa notarial, incluida la arancelaria.

 

 

El arancel y las relaciones con otros profesionales.

 

 

Esa leal competencia de que habla el Código Deontológico no sólo se proyecta entre compañeros, sino también, y fundamentalmente, en las relaciones con los usuarios del servicio notarial. En relación a ellos, siempre se dice que los Notarios no compiten en precio, sino en calidad y servicio. Por eso, es complicado hablar de relaciones estables con profesionales jurídicos que no estén basados exclusivamente en esos conceptos.

 

En este aspecto el Código Deontológico en materia arancelaria va más allá que el Reglamento, y prohibe el retorno o entrega de parte de los derechos arancelarios a alguno de los otorgantes o la retribución de algún intermediario por medio de comisiones o pagos a terceros. También queda prohibida la contratación con intermediarios cuando dicha contratación constituya condición para asegurarse la autorización o intervención de instrumentos públicos. 

 

La norma, desde luego, no puede ser más clara: El Notario no puede retribuir directa ni indirectamente a las personas que prometen o con las que pacten una relación estable profesional. Huelga decir que esto constituye una grave infracción que desestabiliza la competencia notarial.

 

 

La limitación en la publicidad del Notario también afecta a sus relaciones.

 

 

Sin entrar ahora en desgranar la normativa publicitaria del Notario, que es restringida, como se pueden imaginar, podemos destacar que, de nuevo, debe ser respetuosa con la competencia leal y compatible con la independencia e imparcialidad.

 

Para incidir en esta materia, el Código Deontológico prohibe la publicidad que pueda generar una percepción del Notario como dependiente de un tercero, o como integrante, asociado o colaborador de alguna organización, despacho, o entidad que no sea de exclusiva asociación o vínculo entre Notarios.

 

Escuetamente se refiere también a la página web individual de los Notarios, que debe ser aséptica en relación a la información suministrada, no pudiendo ofrecer servicios de asesoramiento y consulta jurídica ajenos a la actividad notarial y no podrá realizarse el reenvío a a otras páginas web de terceras personas que sean clientes u otros profesionales.

 

 

El régimen de incompatibilidades de los Notarios.

 

 

Como vimos, para que dos o más Notarios puedan actuar conjuntamente en un despacho debe mediar autorización de la Junta. Cabe destacar que esa actuación conjunta en ningún caso supone que se cree una persona jurídica distinta de los propios afectados. No caben las sociedades de responsabilidad limitada, ni las profesionales bajo ningún concepto, aunque alguna duda podría plantearse, de admitirse, respecto de las sociedades medios no profesionales.

 

Sí que se admite que el Notario cree o sea socio de personas jurídicas para cualquier otro fin que no sea la prestación de la función notarial, y que no tenga relación con ella. Pero en ese caso, el artículo 139 in fine del Reglamento Notarial prevé que el notario no pueda autorizar o intervenir instrumentos públicos respecto de personas físicas o jurídicas con las que mantenga una relación de servicios profesionales.

 

 

Conclusión: La relación profesional comercial del Notario no está permitida.

 

 

Como conclusión, vemos que las restricciones hacen que los acuerdos estables comerciales con otros operadores jurídicos sean inviables si se quiere cumplir con la normativa notarial: Ni hay posibilidad de integración en otro despacho o asociación, ni posibilidad de trabajo en exclusiva a cambio de rebajas arancelarias, ni se admite que el Notario autorice escrituras de estructuras de las que se pueda aprovechar.

 

No obstante, los Notarios, como el resto de profesionales, tenemos nuestros clientes habituales, a los que se trata con cuidado, con atención y con celeridad cuando la necesitan. Esos clientes forjan una relación personal con el Notario, o con el oficial, que trasciende lo comercial, y que sí que es duradera. Cualquier otra cosa no solo no es deseable, sino denunciable.