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Las renuncias hereditarias ante notario y sus efectos

11 ago. 2015
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Se suele decir que el fenómeno sucesorio pasa por tres fases: Primero, la apertura de la sucesión, por muerte o declaración de fallecimiento, según el artículo 657 del Código Civil. Segundo, la delación o llamamiento hereditario, según el artículo 658 y por último, en tercer lugar, la adquisición de la herencia. Eso lo resume muy bien el artículo 991 del Código Civil cuando dice que nadie podrá aceptar ni repudiar sin estar cierto de la muerte de la persona a quien haya de heredar y de su derecho a la herencia.

 

Lo anterior implica que, al fallecer una persona, es muy importante que primero confirme el fallecimiento, obteniendo certificado de defunción de la persona de cuya sucesión se trate. Luego deberá comprobar su derecho a heredar, si así resulta tras la tramitación del acta de declaración de herederos o tras la obtención de copia autorizada del último testamento válido. Y una vez cierto de estas dos circunstancias, ya puede aceptar o renunciar la herencia.

 

 

¿Cómo es el sistema español de adquisición de la herencia?

 

 

En nuestro sistema, la herencia se entiende como un patrimonio en transmisión, en que el heredero que acepta la herencia ocupa el lugar del fallecido en las relaciones jurídicas. Este sistema, como se puede apreciar, es distinto al anglosajón, en que el patrimonio hereditario se transforma en un patrimonio en liquidación, encargado éste a órganos especiales que entregarán el remanente, si lo hubiere, a los beneficiarios. 

 

Por tanto, cuando fallece una persona, todos los bienes y derechos de que esa persona era titular, se transmiten al heredero que haya aceptado la herencia. Pero además del activo también se transmite el pasivo, las deudas y las obligaciones, por lo que es importante que previamente a aceptar, el heredero se plantee si acepta la herencia (en cuyo caso se pone en el lugar del causante y pasa a recibir el activo, pero también a responder del pasivo) o si la renuncia (en cuyo caso no recibe ni activo ni es responsable de las deudas y obligaciones). 

 

A estos efectos, dice el artículo 1003 que por la aceptación pura y simple, o sin beneficio de inventario, quedará el heredero responsable de todas las cargas de la herencia, no sólo con los bienes de ésta, sino también con los suyos propios.

 

También cabe limitar la responsabilidad del heredero mediante la aceptación a beneficio de inventario, que ha sido modificada por la Ley de la Jurisdicción Voluntaria, para admitirse su tramitación íntegramente notarial, en los artículos 1010 y siguientes del Código Civil. Aquí, la aceptación de le herencia sí se asimila al sistema anglosajón que vimos: se liquida la herencia, pagando primero a acreedores y legatarios, y de haber remanente, se lo adjudica el heredero. Si no hay suficiente, el heredero no responde de las deudas del causante con su propio patrimonio.

 

 

Características comunes a la aceptación y renuncia hereditarias.

 

 

Sus caracteres comunes generales los encontramos en los artículos 988 a 991 del Código Civil. De ellos extraemos que es un negocio jurídico:

 

-Unilateral, pues puede hacerlo cada heredero con independencia del resto de herederos. Por tanto, no es necesario que todos los herederos se pongan de acuerdo para aceptar o renunciar, ni para hacerlo a la vez, ni en el mismo Notario.

 

-Son actos enteramente voluntarios y libres.

 

-No podrá hacerse en parte, a plazo, ni condicionalmente. Por tanto, no se puede aceptar parte de una herencia y renunciar otra (no cabe aceptar el dinero y no los inmuebles, por ejemplo). Un caso especial es el que resulta si el heredero es a la vez legatario, en cuyo caso esta regla sí admite matizaciones.

 

-Son irrevocables, de modo que no se puede cambiar de opinión una vez realizada, y no podrán ser impugnadas sino cuando adoleciesen de algunos de los vicios que anulan el consentimiento, o apareciese un testamento desconocido.

 

 

¿Quién puede aceptar o repudiar una herencia o legado?

 

 

Hay que distinguir en primer lugar la capacidad para ser heredero o legatario (que vendrá determinada por la relación entre el heredero o legatario y la persona fallecida, por ejemplo: no podrá serlo quien haya cometido alguna de las causas de indignidad del artículo 756 del Código Civil) de la capacidad para aceptar o repudiar la herencia mediante un negocio jurídico derivado de una declaración de voluntad que requiere y presupone ser heredero o legatario.

 

La aceptación o repudiación de la herencia es necesaria tanto en los llamamientos derivados de un testamento como en aquellos casos en que no había testamento y se ha tenido que tramitar una declaración de herederos abintestato.

 

Como reglas especiales, y sin perjuicio de las de los artículos 992 y siguientes del Código Civil, los  progenitores de los menores sometidos a patria potestad deberán observar los párrafos 2 y 3 del artículo 166 del Código Civil, que dicen que los padres deberán recabar autorización judicial para repudiar la herencia o legado deferidos al hijo. Si el Juez denegase la autorización, la herencia sólo podrá ser aceptada a beneficio de inventario. No será necesaria autorización judicial si el menor hubiese cumplido dieciséis años y consintiere en documento público, ni para la enajenación de valores mobiliarios siempre que su importe se reinvierta en bienes o valores seguros.

 

En materia de tutela, las posibilidades de actuación del tutor se recoge en el artículo 271.4, que se aplica por analogía al curador, y que dice que el tutor necesita autorización judicial para aceptar sin beneficio de inventario cualquier herencia, o para repudiar ésta o las liberalidades.

 

Los menores emancipados podrán repudiar y aceptar a beneficio de inventario por sí solos, ya que esos actos no se consideran un acto dispositivo que ponga en peligro sus bienes y que haga necesaria una intervención a modo de consentimiento de los padres o curador. Por tanto, no podrán aceptar pura y simplemente sin consentimiento de los padres o curador.

 

 

¿Cómo se acepta o renuncia una herencia?

 

 

El heredero podrá aceptar la herencia en cualquier tiempo, pero eso no implica que pueda estar inactivo sin manifestarse sobre ese punto cuando puede haber un perjudicado, como por ejemplo un coheredero que quiere dejar delimitada su porción, o un legatario que quiere recibir la cosa legada. Por eso, los interesados pueden realizar la interpellatio in iure, que es un requerimiento antes judicial, ahora notarial, para que el llamado manifieste si acepta o no. Se recoge en los artículos 1004 y 1005, y que traté en este post.

 

La aceptación pura y simple puede ser expresa o tácita. Matiza el Código Civil que expresa es la que se hace en documento público o privado, y tácita es la que se hace por actos que suponen necesariamente la voluntad de aceptar, o que no habría derecho a ejecutar sino con la cualidad de heredero. Los actos de mera conservación o administración provisional no implican la aceptación de la herencia, si con ellos no se ha tomado el título o la cualidad de heredero.

 

Se entiende aceptada la herencia cuando el heredero vende, dona o cede su derecho, cuando el heredero lo renuncia a beneficio de uno o más de sus coherederos (aunque sea gratuitamente) o cuando la renuncia por precio a favor de todos sus coherederos indistintamente (salvo en este último caso que la renuncia fuere gratuita y los coherederos a cuyo favor se haga son aquéllos a quienes debe acrecer la porción renunciada).

 

Por todo lo anterior, y para fijar la voluntad del heredero de aceptar, lo aconsejable es que realice la manifestación expresamente en documento público ante Notario.

 

 

Efectos y forma de la renuncia hereditaria.

 

 

Cada vez más las herencias pueden tener deudas o cargas que hagan que aceptarlas sea antieconómico. Y eso, cuando las deudas son conocidas, pues algunas potenciales cargas hereditarias, como las fianzas o avales que el fallecido había prestado o consentido en vida, pueden suponer un susto sobrevenido. Esa es la razón por la cual cada vez hay más renuncias hereditarias

 

Pero renunciar a la herencia implica no ser heredero, lo que supone que desaparece la delación que existía a favor del renunciante, lo que dará lugar al llamamiento del heredero sustituto, al derecho de acrecer o a la apertura total o parcial de la sucesión intestada. Es relevante mencionar el artículo 923, ya que, renunciando todos los parientes del grado más próximo, pasa a los del siguiente grado sin derecho de representación.

 

No obstante, la repudiación no implica renuncia a todos los beneficios, como se infiere del artículo 833 (El hijo o descendiente mejorado podrá renunciar a la herencia y aceptar la mejora), del artículo 890.2 (El heredero que sea al mismo tiempo legatario, podrá renunciar a la herencia y aceptar el legado, o renunciar éste y aceptar aquélla), y el artículo 928 (No se pierde el derecho de representar a una persona por haber renunciado a su herencia), pero también encontramos el artículo 440 (El que válidamente repudia una herencia se entiende que no la ha poseído en ningún momento). 

 

Además, la Ley del Contrato de Seguro de 8 de octubre de 1980, en su artículo 85, para el seguro de vida por causa de muerte, entiende que los beneficiarios que sean herederos conservarán dicha condición aunque renuncien a la herencia.

 

La Ley de la Jurisdicción Voluntaria establece ahora, al modificar el artículo 1008 del Código Civil que la repudiación de la herencia deberá hacerse ante Notario en instrumento público, eliminando la posibilidad anterior de hacerla también judicialmente. Por tanto, toda renuncia ahora es notarial y, aunque está todavía pendiente de desarrollo arancelario, me atrevo a decir que seguramente será un documento de los denominados “sin cuantía”, de modo que será rápido y barato.

 

Puede ser importante, entrado ahora brevemente en técnica notarial, solicitar del renunciante manifestación expresa sobre si la renuncia se produce como consecuencia de haber utilizado el derecho a formalizar inventario o deliberar, del mismo modo que si se deriva de una interpelación del 1005. 

 

En este último caso, sería incluso conveniente, para cerrar el círculo entre la renuncia y el 1005, que el Notario ante el que se renuncie, si es distinto, notifique la renuncia, siempre con conocimiento y requerimiento expreso del renunciante, al Notario que ha formalizado el requerimiento. El objeto de esta notificación sería que el Notario que formalizó el requerimiento no expida copia del mismo sin contestación, de modo que se pueda dar una apariencia de que, por omisión, se ha aceptado pura y simplemente, cuando se ha renunciado expresamente.

 

Cuidado con las renuncias fraudulentas.

 

 

Además de por deudas del causante, también puede el heredero tener la tentación de renunciar por deudas propias, esto es: No acepto la herencia de mis padres porque nada más la adquiera, mis acreedores me la van a embargar y ejecutar. A esta actitud fraudulenta intenta poner fin el artículo 1001.1, cuando dice que si el heredero repudia la herencia en perjuicio de sus propios acreedores, podrán éstos pedir al Juez que los autorice para aceptarla en nombre de aquél.

 

Hay que recordar, además que el artículo 1002 dice que los herederos que hayan sustraído u ocultado algunos efectos de la herencia, pierden la facultad de renunciarla, y quedan con el carácter de herederos puros y simples, sin perjuicio de las penas en que hayan podido incurrir.