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Notariado y Redes Sociales: Una aproximación iconoclasta, por @notarioenfureci

13 jul. 2015
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Siguiendo con el proyecto de dar visibilidad a la profesión notarial en Internet, y especialmente en relación a la importancia de las redes sociales para el notariado, que comenzó con este post y  poco después continuó aquí @justitonotario, quiero compartir con vosotros hoy un nueva colaboración en esta materia de @notarioenfureci, otro ilustre tuitero notarial cuya verdadera identidad es un misterio para el internet notarial. Si os lo estáis preguntando: No, yo no sé quién es, pero sí sé que merece mucho la pena leer su visión de la relación entre notariado y redes sociales. Os dejo con ello:

 

Cuando el compañero @justitonotario (disculpen esta peculiar forma de referirse a alguien, pero recuerden que en el encabezamiento de este texto aparece la palabra “iconoclasta”) me pidió que escribiese un texto sobre el notariado y las redes sociales con el único, primordial y singular requisito de no revelar mi nombre, mi primer pensamiento fue: “no, por supuesto, ¿qué me está pidiendo este hombre?”. Pero después de unos (breves, debo reconocer, para mi desgracia) momentos de reflexión, me decidí a escribir estas líneas, azuzado por unas convicciones muy personales a las que he ido llegando casi sin darme cuenta: 

-El mundo, tal y como lo conocemos, está cambiando rápidamente. Que el mundo cambie no es una gran noticia. Es algo que siempre ha ocurrido a lo largo de la historia, desde el desarrollo de las primeras civilizaciones. A medida que uno adquiere una mayor madurez personal y profesional, percibe los cambios que experimenta la sociedad en la que vive con mayor nitidez y, muchas veces, perplejidad. Estos cambios se refieren al lenguaje, a las costumbres, a la forma de entender la propia realidad (qué es bueno y qué es malo) y a la tecnología. En los últimos cien o doscientos años, además, esta última ha condicionado la evolución de las anteriores de muchas formas pero, fundamentalmente, acelerándola exponencialmente. 

-El desarrollo de las denominadas redes sociales, vinculado a la generalización de los dispositivos móviles y a la conectividad de estos, es el penúltimo cambio tecnológico que ha modificado la sociedad en la que vivimos. No digo último, porque probablemente hay ya otro (¿otros?) en marcha, que no tengo la perspectiva y la inteligencia de advertir. 

Noto el arquear de cejas y el leve movimiento de hombros, propios de la incredulidad de muchos de los que han leído el párrafo anterior. Lo sé. Un buen número de personas que me rodean, gran parte de ellas mucho más brillantes, inteligentes y perspicaces que yo, piensan igual que ellos. Es muy posible que yo esté equivocado, pero me gustaría señalar una serie de hechos, escogidos muy aleatoria y subjetivamente: 

-El 82% de los internautas de 18 a 55 años (unos 24,8 millones de personas) utilizaron en el año 2.014, habitualmente, redes sociales en España.

-La cifra anterior era, hace cinco años, del 51%. Nótese esta brutal evolución. Ambos datos extraídos de este informe de Interactive Advertising Bureau.

-En una reciente entrevista, la portavoz de la NASA, Stephanie Schierholz, manifestó que: “tenemos la obligación de comunicar lo que hacemos a los ciudadanos que nos financian” y “con las redes sociales hemos estrechado la relación con el público”.

-Deportistas, políticos y demás personajes más o menos célebres, cuando desean poner en conocimiento del público cualquier hecho mínimamente relevante (o no, pero eso ya lo valorará cada cual) utilizan facebook, twitter, instagram y otras redes sociales y consiguen una repercusión inmediata, masiva y de alcance universal (los modernos dirían viral, pero yo creo que hay virus que se transmiten con enorme dificultad y no es este el caso, precisamente) 

-El mismo Presidente Obama, con más de 60 millones de seguidores en tuiter, anuncia nuevas políticas y hechos muy relevantes para su país (y por ende, para el mundo) a través de su cuenta en esa red social, antes que en ningún otro sitio

-Lo que expresan personajes públicos (o lo que expresaron antes de serlo) tiene una enorme repercusión social y, al final, política. ¿Recuerdan cierto concejal de la Villa y Corte? 

-Un niño de 12 años maneja el teléfono que le acaban de regalar mejor que cualquiera que esté leyendo (o escribiendo) estas líneas. No me lo discutan, lo he comprobado en mis carnes. Ese niño, antes de que nos demos cuenta, tiene 20 años. 

-Ya hay personas que son famosas y, lo que es al final verdaderamente relevante, se ganan la vida mejor que usted y que yo, única y exclusivamente a través del uso de las redes sociales. ¿No sabe a lo que me refiero? Si tiene un hijo adolescente, pregúntele lo que es un youtuber. 

Esta lista es interminable, como pueden fácilmente comprobar. 

Al final, las redes sociales permiten (o pueden permitir) hacer llegar lo que uno piensa a mucha gente, en muy poco tiempo. Esto puede dar igual, ser bueno o malo. Incluso, dependiendo de la repercusión, esto puede ser muy bueno o extremadamente malo. 

No se apuren, no me he olvidado de que la palabra “notariado” aparece arriba del todo, ya llego a ello. 

Me ha sorprendido encontrar la palabra “lobby”, tal cual, en el diccionario de la Real Academia Española. Su primera acepción es “Grupo de personas influyentes, organizado para presionar a favor de determinados intereses”. La segunda es “Vestíbulo de un hotel”. Un lobby bien organizado acaba consiguiendo que se aprueben leyes en beneficio de sus propios intereses, aún cuando no sean exactamente compatibles con el interés general. Si me permiten el símil, si tienes un Director General llevas un full. Si colocas un ministro, has conseguido tener en la mano un póquer. Cuando un grupo posee un lobby mal organizado o inexistente llegan a expulsarlo hasta del lobby de una pensión. 

Contra un lobby de los primeros, tan bien organizado que el perjuicio para el interés general solo es percibido por los directamente agraviados en el momento inicial, únicamente resta luchar en todos los ámbitos. Institucional y mediático, por supuesto. Me consta que se hace lo que se puede. En algunos casos razonablemente bien, en otros de forma manifiestamente mejorable. Pero hay algo que las redes sociales nos permiten hacer individualmente y como colectivo que, hace tan solo unos pocos años, era impensable. Podemos darnos a conocer, de forma real. Dar a conocer nuestro trabajo, lo que hacemos. La labor diaria que, con luces y sombras, por supuesto, colabora, y mucho, para que el tráfico jurídico de este país sea seguro y fluido. Yo no solo firmo y cobro. Yo trabajo para que no se te arrebaten tus derechos legítimos en beneficio de los poderosos. Yo estudio para que consigas lo que quieres de forma eficaz, eficiente y económica. 

Voy a citar a @justitonotario cuando dijo algo, en twitter, por supuesto, que se me ha grabado a fuego: hoy, no basta con ser ejemplar en el despacho. Si, como hormiguitas, expresamos a la sociedad nuestros problemas, anhelos, expectativas e, incluso, nimiedades, generaremos, sin duda, filias y fobias (a los que solo se les genera esto último, hoy se les llama haters), pero cuando se hace algo positivo para la sociedad, darlo a conocer no puede ser malo. Incluso que se conozcan las sombras de la profesión puede ser bueno para el colectivo (¡Ay, esos cancelators!

En definitiva, las redes sociales son una herramienta más que se ha dado la sociedad para que las personas se relacionen entre ellas. Igual que la muerte iguala al mendigo y al rey, las redes sociales los acercan. Literalmente, se puede entablar, a través de twitter, una conversación con el Papa de Roma, si él quiere (y usted también, que quizá puede preferir al Patriarca de Constantinopla, vaya usted a saber) 

Hay, a día de hoy, un no muy amplio, pero ya significativo, grupo de compañeros que han optado por esta senda. Mi respeto y admiración. A veces acertarán y a veces se equivocarán, no soy yo nadie para decirlo, pero lo que hacen es, en mi opinión, una gran labor, que acaba redundando en beneficio de todos. 

Utilicemos este potencial. Defendámonos. Ataquemos. Hablemos. Discutamos. En este ámbito no se le puede echar la culpa al Consejo o al Colegio de turno por su inacción, es nuestra responsabilidad individual y personal. 

@notarioenfureci