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Cómo hacer su testamento ante Notario

08 sep. 2015
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El testamento abierto notarial es un documento tan barato y que elimina tantos problemas, que debería ser más conocido por los ciudadanos. Especialmente la cuestión de su pequeño coste (incluso menos de cincuenta euros), de la facilidad de otorgamiento y de los problemas que soluciona. Además, el testamento no tiene fecha de caducidad: El testamento que se haga, sea con la edad que sea, valdrá en el momento del fallecimiento. No hay que revisarlo, confirmarlo o reiterarlo.

 

Por todo lo anterior, su otorgamiento debería ser casi obligatorio: Se ahorra dinero a los herederos, pues el acta de declaración de herederos que hay que hacer en su defecto es más cara que el testamento, y además se le facilita las cosas en un momento difícil, evitando tener que comparecer con documentación y testigos en la notaría. 

 

En este post anterior traté las ventajas generales del testamento, la configuración del testamento más común y las diferencias con la donación. En el presente post voy a centrarme en cómo se confecciona y autoriza un testamento en la oficina notarial.

 

 

Lo primero de todo es acudir a la notaría.

 

 

Pese a que la mayoría de veces el testamento se prepara y redacta sobre la marcha, cuando existe alguna circunstancia que puede genera un testamento menos convencional, como algún familiar incapacitado, voluntad de desheredar, etc. suele ser frecuente concertar una cita previa con el notario. 

 

En esa cita se manifiesta cuáles son las disposiciones testamentarias fundamentales, el notario las analiza y asesora acerca de la mejor forma de plasmarlo en testamento. Es también entonces cuando hay que decidir muchas cosas, como por ejemplo quién será, y en qué proporción el heredero, cómo se va a arbitrar la sustitución y el derecho de acrecimiento, en su caso, si se va a proceder o no al nombramiento de tutor o administrador de bienes, etc.

 

 

Una persona, un testamento.

 

 

En derecho común no se permite que dos personas testen en el mismo documento, a diferencia de algunas regiones con derecho civil propio que sí admiten el testamento mancomunado. Parece un hecho claro, pero he encontrado clientes que no lo tenían tan claro, y que tras explicarlo, se han ido de mi despacho pensando que quería cobrarles un testamento de más. Nada más lejos de la realidad.

 

Como cada uno tiene su testamento, cada uno puede disponer en el mismo como estime conveniente, cada uno puede modificarlo, revocarlo o ampliarlo sin necesidad de consentimiento ni comparecencia del cónyuge, ni de los herederos. Por tanto, y aunque es usual, no es necesario que los cónyuges hagan el mismo testamento. 

 

Es más, será necesariamente desigual cuando, por ejemplo, alguno de los cónyuges tenga hijos de anteriores relaciones, o cuando alguno tenga bienes privativos que quiera legar específicamente.

 

 

La preparación del testamento es un acto distinto del otorgamiento.

 

 

Para otorgar testamento, únicamente tiene que comparecer el testador con el documento de identificación en vigor, pues la identificación del notario se realizará utilizando este medio. 

 

No es necesario que traiga a la notaría ni certificados de nacimiento, ni libro de familia ni las escrituras de los bienes inmuebles, a no ser que lo que quiera hacer sea un testamento particional, en cuyo caso sí serán necesarias para describir correctamente los bienes sin que existan equívocos sobre su identificación. 

 

Este testamento particional no suele ser conveniente mientras el patrimonio pueda variar, ya que del mismo modo habría que ir variando el testamento. No obstante, en otras ocasiones sí será oportuno y conveniente, como por ejemplo cuando se quiera determinar qué patrimonio va a cada hijo, y así evitar excesos de adjudicación en la tributación.

 

 

¿Va a venir acompañado? Tenga en cuenta lo siguiente:

 

 

En cualquier caso, la fase previa, de preparación del testamento es importante. Suele comparecer el testador, aunque nada obsta a que venga acompañado de su cónyuge, hijos, sobrinos o amigos. Esto es perfectamente válido, pero debe ser valorado por el Notario en los casos en que esa compañía pueda ejercer una presión directa o indirecta en el testador, lo cual traté en este post. Por tanto, aunque venga acompañado a la notaría, ese apoyo, superfluo en algunos casos, necesario en muchos y fuera de lugar en otros, solo puede prestarse en el momento previo al otorgamiento del testamento. 

 

En el momento de la firma, y por mucha confianza que tenga en la persona que le acompaña, para evitar responsabilidades, suspicacias e impugnaciones del testamento, esa persona debe quedarse fuera, dejando solos al testador y al notario. De otro modo, el testamento podría ser anulado por la existencia de vicios en la voluntad, como trató la Sentencia del Tribunal Supremo 4981/2014 de 25 de noviembre.

 

Además, en el otorgamiento de los testamentos hay que observar el denominado principio de unidad de acto, que implica la ausencia de interrupciones o de circunstancias que puedan, de uno u otro modo, viciar la voluntad del testador. No obstante, el Tribunal Supremo ha interpretado este requisito con cierta flexibilidad: No se rompe por dar al notario instrucciones o minuta, ni por redactar el testamento con anterioridad al otorgamiento, ni por reunirse a hora distinta de la hora previamente convenida, etc.

 

 

El testamento conforme a minuta.

 

 

La manifestación de voluntad debe ser realizada voluntaria, libremente y sin vicios al notario por el testador, verbalmente o por escrito: O bien el testador manifiesta de palabra y con la suficiente claridad el contenido del testamento, o bien por escrito mediante entrega de minuta o borrador del testamento, que deberá ser ponderada por el notario. 

 

En este mismo sentido, el contenido esencial del testamento o la minuta podrá ser entregada al notario por el testador o por un tercero, pero el este caso el testador, al prestar su consentimiento deberá prestar su conformidad personal por coincidencia del texto con el borrador del testamento, y el notario expresar que se produce el otorgamiento según minuta.

 

 

Las formalidades que conlleva un testamento.

 

 

Otorgar un testamento supone la necesidad de cumplir, bajo pena de nulidad, una serie de disposiciones recogidas en los artículos 694 y siguientes del Código Civil. Esta parte obviamente, compete al notario bajo su responsabilidad, ya que el notario debe dar forma jurídica a las manifestaciones del testador.

 

Una de esas formalidades es la necesidad de incluir en el testamento la hora del otorgamiento, lo cual es exigencia formal del artículo 695 del Código Civil, y su inobservancia implica nulidad. Tiene por finalidad determinar cuál debe reputarse el ultimo testamento en el supuesto de que el testador hubiera otorgado varios testamentos el mismo día. Sin embargo, deja de tener sentido si sólo hay un testamento en esa fecha, y en este sentido van ciertas normas forales, que entienden que la falta de expresión de la hora no es causa de nulidad si no se otorgó otro el mismo día.

 

Tras la lectura del testamento, el testador deberá prestar su conformidad sin reservas, y lo firmará. No son necesarios testigos si el testador puede firmar aunque sea imperfectamente. No es necesaria impresión digital, aunque en la práctica sea recomendable cuando no puede firmar o cuando, aún pudiendo, la firma no es clara.

 

El notario entregará una copia al otorgante, y nada obsta a que la copia que se expida del testamento sea autorizada. De hecho, en vida del testador, solo podrán ser obtenidas copias por éste o por apoderado con poder especial. Además, en el plazo de tres días hábiles, el testamento se comunicará de oficio por el notario, sin coste alguno para el testador, al Registro General de Actos de Última Voluntad, de modo que siempre se tendrá la certeza y seguridad de que el último testamento es, en efecto, el último.