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Un día cualquiera de trabajo: Don Manuel y su smartwatch.

13 oct. 2015
Un día cualquiera

Me alejo hoy de mi forma de escribir habitual para contar una historia (todavía) irreal. O quizás no tanto. Lo cierto es que comentando el papel del Notario en la sociedad digital uno encuentra variadas opiniones: que no servimos de nada, que servimos de mucho, que tenemos que adaptarnos, etc. Y me gustaría tratar el asunto desde una perspectiva distinta. Espero que os guste.

 

 

Un día cualquiera de trabajo.

 

 

Mañana de martes de octubre en la Notaría de Don Manuel. No había nada en la agenda para hoy, solo un par de consultas a primera hora y un testamento a media mañana. Con ese triste panorama, Don Manuel, resignado, se había planteado una mañana tranquila. Se dedicaría a mandar los índices (llevaba un par de días de retraso y se estaba empezando a impacientar), a estudiar un poco mejor la Ley de la Jurisdicción Voluntaria y a leer algunos blogs notariales.

 

Cuando se disponía a cotejar la primera escritura, sonó su teléfono interno. Era la línea 1, la de su oficial. Le decía que había entrado una chica que quería hacer un acta rara de algo de su reloj. "¿De su reloj? ¿Un acta de depósito?", contestó el Notario. "No, creo que es nosequé del internet ese". 

 

Intrigado, el Notario la hizo pasar, y cuando la chica entró al despacho, no le pareció la típica persona que te va a pedir un acta extraña. Tras el saludo inicial, la chica comenzó a contarle:

 

-Mire, no sé cómo enfocarlo, pero es que necesito un acta de un smartwatch.

-¿Cómo? - preguntó Don Manuel arqueando leve, pero perceptiblemente, la ceja izquierda.

-Sí, como lo oye. Voy a enviar mi currículum para un empleo y quiero justificar que estoy en una forma física excelente - lo cual, por otra parte, resultaba evidente a ojos de Don Manuel-. Como no puedo ir a hacer la prueba atlética allí, me han dicho que les envíe un acta notarial con las mediciones tras correr unos 20 minutos y hacer una serie de ejercicios... Ya sabe, distancia, calorías, intensidad, frecuencia cardíaca... Y he pensado hacer las mediciones con mi Apple Watch. 

-¡Vaya! - exclamó el Notario, cuyo arqueo de ceja ya había descendido hasta una posición, digamos, normal - Me parece una buena idea, la verdad.

-Sí, eso creía. Además, le sigo a Vd. en Instagram y sé que tiene un Apple Watch como yo, así que he pensado que conocería cómo funciona.

 

Efectivamente, Don Manuel también tenía un Apple Watch, que casualmente utilizaba para sus carreras que, como todo buen runner, diariamente colgaba en su cuenta de Instagram, así que conocía el dispositivo y sabía cómo enfocar el acta. La requirente tenía plena disponibilidad, así que quedó con ella en el polideportivo municipal el martes siguiente a las diez y media, no sin antes dictar el recordatorio a Siri.

 

Cuando había comenzado a pensar en cómo enfocar el acta, y ya se veía como el primer Notario en autorizar un acta de un wearable, el sonido del teléfono le devolvió a la realidad de su despacho. La línea 1 otra vez. Al parecer había un chico con un asunto un poco más raro que el anterior. “Que dice algo de unos amigos ladrones”, le dijo su oficial. Perplejo e intrigado, Don Manuel le hizo pasar al despacho para ver qué quería.

 

-Hola, buenos días.

-Buenos días - respondió amablemente, como era él, Don Manuel.

-Es que soy de la Asociación de Amigos y Usuarios de Drones…

 

El Notario volvió instintivamente a arquear la ceja izquierda, de manera muy ostensible, y comprendió el porqué de la confusión en el asunto. Inmediatamente pensó en qué podría querer un Amigo de los Drones de él, y no encontró respuesta alguna, así que siguió escuchando:

 

-… y vamos a celebrar un concurso de velocidad de Drones… una carrera, vamos… y queríamos que un Notario diera fe de cuál llega primero y de que efectivamente ha sido pilotado por su titular. Tenemos unos aparatos muy bonitos, la verdad.

-Pues… - Don Manuel se mostró dubitativo unos segundos- la verdad es que me sorprende lo que me cuenta, pero no creo que haya problemas, aunque tengo que ver cómo enfocar ese acta.

-Imagino, no es una cosa que se pida todos los días ¿verdad? Es que vamos a dar un premio de 3.000 euros y claro, quién mejor que un Notario para dar transparencia y seguridad al asunto.

-Y ¿cuándo es la carrera?

-El próximo martes a las diez y media.

-Mire que casualidad. A esa hora tengo un acta de Apple Watch.

-¡No me diga! ¿De eso también hacen actas? - contestó extrañado el amigo de los drones.

-Sí, parece que sí… De todas formas hablaré con la requirente de ese acta para adelantarla, no habrá problema.

-Pues le estaría muy agradecido.

 

Confundido, y algo aturdido por los extraños encargos, el Notario se tomó un breve descanso, repasó las menciones de su Twitter y volvió al trabajo. A los treinta minutos, aproximadamente, volvió a sonar la línea 1. Estuvo tentado de no cogerlo: Hoy no podía ser nada bueno. A pesar de ello, contestó y se encontró con unas dudas testamentarias. “Por fin, una consulta normal”. Qué equivocado estaba.

 

Cuando abrió la puerta, lo primero que acertó a distinguir fue una camiseta con el casco de Darth Vader y la frase “Join The Dark Side”. Él había sido siempre más de Luke Skywalker, que es de los buenos. Además pensaba que Darth Vader era demasiado indeciso: Que si primero Jedi, que si ahora en el Lado Oscuro, que si luego en la Fuerza… Así que comenzaba mal la reunión. A pesar de todo, pensó que era un testamento, y ese era un campo que dominaba. O no:

 

-A ver -dijo el testador-, igual le suena raro, pero es que quiero hacer un legado de mi blog, de mis perfiles en redes sociales y de mis archivos digitales. Tengo un blog de gastronomía bastante potente, y me gustaría que alguien que sepa de esto, si me pasa algo, sepa aprovechar lo que yo he conseguido… Tengo 17.000 seguidores en Twitter, ¿sabe Vd?

-…

-¿No dice Vd. nada? - El testador notó que Don Manuel se acaba de quedar en blanco. 

-Perdone, es que he notado un estremecimiento en la Fuerza - dijo jocosamente, con intención de rebajar la tensión, pero no notó que al testador le hiciera mucha gracia. Ninguna, de hecho.

-Entonces, ¿lo puede Vd. hacer?

 

Don Manuel pensó que algo había leído sobre herencia digital en los blogs notariales que seguía, y que sí parecía posible hacerlo. Se lo comentó al testador, añadiendo que se lo tenía que estudiar. Para ello, necesitaba algunos datos más:

 

-¿Y esto a quién se lo quiere Vd. legar? - preguntó Don Manuel.

-A @elchavaldelosphoskitos

-¿A quién?

-Es un perfil de redes sociales: @elchavaldelosphoskitos. No lo conozco, ni sé quién es. Sólo sé que ese es su perfil. ¿Quiere ver su Facebook?

-No, no… no será necesario - dijo Don Manuel, apesadumbrado y cariacontecido.

 

Don Manuel, un poco desconcertado, tomó nota de todo, se quedó su número de móvil y agregó al testador cocinero a su cuenta de Twitter, porque le insistía en que tenía una receta de tarta de queso riquísima que debía probar. Justo antes de irse, el testador le preguntó cuánto le iba a costar el testamento, a lo que Don Manuel respondió que unos cuarenta o cincuenta euros. Cuál fue su sorpresa al escuchar entonces al testador preguntar:

 

-¿Y le puedo pagar en bitcoin?

 

Sin mediar palabra, apagó su portatil, cogió su maletín, cerró la puerta del despacho y se marchó a casa a meditar sobre lo que había ocurrido hoy, martes. Un día que iba a ser tranquilo en el despacho. Un día cualquiera de trabajo.

 

 

¿Entonces eso se puede hacer o no?

 

 

Tenemos claro que esta historia no es real. Pero… ¿podría serlo? Yo creo que rotundamente sí. Recordemos que no hace mucho, hablar de actas notariales de redes sociales, de sms o de whatsapp era una utopía. Y ahí están. Otra cosa es el valor que les demos los notarios, los requirentes o los jueces. Por eso, no debemos extrañarnos que nuevos dispositivos o nuevas formas de comunicación aparezcan en nuestras actas o escrituras.

 

De hecho, la herencia digital ya se ha tratado en este blog, tanto lo relativo al testamento digital, a la transmisión hereditaria en el mundo digital en general y de archivos digitales en particular. También se ha hablado en este blog de domicilio virtual y de identidad virtual, por lo que no nos sorprende que alguien piense que es posible nombrar heredero o legatario a una de esas identidades virtuales y nos exija que lo comuniquemos a cierta cuenta de Twitter, por ejemplo. 

 

Sobre drones todavía no me he atrevido a publicar nada, la verdad, pero ya hay bastantes cosas interesantes escritas sobre su normativa, como por ejemplo aquí, aquí o aquí. Si bien se destaca la cuestión relativa a la privacidad, lo cierto es que en materia notarial no deberían ser tratados de manera distinta a otros dispositivos electrónicos. Ahora bien: ¿podríamos los Notarios ayudarnos de drones para la toma de fotografías en las actas, digamos, tradicionales? ¿Deberíamos aceptar por ejemplo la protocolización de fotografías tomadas de esa manera, incluso si afectan a propiedades de terceros? ¿Podemos dar fe de que un dron está sobrevolando  sin autorización la propiedad del requirente?

 

 

El caso concreto de los dispositivos wearables, o vestibles.

 

 

Lo mismo sucede con los dispositivos wearables, que son aquellos que se llevan directamente en contacto del usuario o de su ropa, que están siempre encendidos y en constante medición y recolección de datos. El ejemplo propuesto es el del Apple Watch, pero nada obsta a que sea cualquier otro smartwatch, aunque sea Android, o cualquier otro tipo de prenda o accesorio wearable

 

Se ha escrito mucho sobre la privacidad de estos últimos dispositivos, ya que la constante toma de datos sobre actividad física, salud o geolocalización puede incluso ser transmitida automáticamente y agregada a bases de datos, pasando a engordar, en el mejor de los casos, el Big Data. En el peor de los casos, esos datos pueden cederse, robarse o venderse.

 

Sinceramente, no creo que sea masiva la autorización de actas notariales sobre wearables, la verdad. Lo cierto es que el post ha sido una excusa para manifestar la idea de que todos los profesionales en general, y los Notarios entre ellos, deben estar constantemente informados de las nuevas formas de tecnología que puedan afectar a la privacidad, a la vida digital y a la interacción con otros usuarios, porque en cualquier momento puede aparecer alguien por el despacho que necesite constatar un hecho que sólo existe, por ejemplo, en su pulsómetro.

 

En el caso de la requirente, se me ocurre que lo primero es identificar el dispositivo wearable, acudiendo a la información que los ajustes del mismo permiten obtener: Modelo, versión, número de serie, direcciones wifi o bluetooth, etc. En el Apple Watch, por ejemplo, el número de serie también está grabado en la parte trasera de la caja del reloj.

 

Don Manuel debería además por plantearse si el Apple Watch es un dispositivo independiente o si está enlazado a otro dispositivo. Correcto: Está enlazado a un iPhone. Luego debería plantearse si ese smartwatch puede ser relacionado en ambos dispositivos, el uno con el otro, de algún modo. Por ejemplo, podría comprobar el enlace entre ambos por Bluetooth y además acceder a los ajustes y contrastar que son idénticos.

 

También debería plantearse si existe la posibilidad de que ese wearable haya sido vestido por un tercero distinto de la requirente, e incluso ceder su dispositivo y enlazarlo de modo que sea el smartwatch de Don Manuel el que recoja los datos. 

 

En ese caso, debería plantearse dar efectos distintos al acta: Si Don Manuel presencia la recogida de datos, podríamos hablar de un acta de presencia, cuyos resultados no deberían ser tratados de otra manera que los que se obtienen de un cronómetro, por ejemplo. En caso contrario, el acta nunca sería de presencia, sino de exhibición de documentos o manifestaciones.

 

Al estar enlazado, y en este caso concreto, hay que ver si existe en el iPhone una aplicación que monitorice la actividad, y que sea réplica en el smartwatch, en cuyo caso puede cotejar que los resultados sean los mismos. Pero puede ser que no haya réplica, que sólo exista la del wearable, en cuyo caso no se podrá realizar esa comprobación.

 

 

Conclusión: Ya veremos.

 

 

Estas notas no intentan ser un manual sobre cómo hacer ningún tipo de actuación notarial, sino simplemente una reflexión sobre cómo debemos ver los Notarios los problemas de la sociedad digital y preparar respuestas. 

 

Muchas veces, nuestra actuación como Notarios no pasa por inventarnos nuevas y complicadas formas electrónicas, sino por leer el Reglamento Notarial e interpretarlo, como dice el Código Civil, de acuerdo con la realidad social del tiempo en que la norma ha de ser aplicada. Y ese tiempo es digital. Y apasionante.