Blog

El opositor y las redes sociales, por @Pedrorincondeg

22 dic. 2015
El opositor y las redes sociales

Una entrada más, quiero seguir con el proyecto de dar visibilidad a la profesión notarial en Internet y en redes sociales, que comenzó con este post, continuado después en este post por @justitonotario, seguido más tarde por @notarioenfureci con otro post y que había culminado, hasta ahora, con la celebración el pasado 31 de octubre de la primera reunión tuitera notarial, que Justito el Notario resumió aquí y aquí.

 

Y digo que seguimos, porque ahora tengo el placer de publicar la esplédida colaboración de Pedro Rincón de Gregorio, Notario de Ponts, para dar una visión distinta de las que hemos visto hasta ahora: La relación entre las redes sociales y el opositor a notarías, aunque extrapolable a otras oposiciones, por supuesto. Os dejo con el post:

 

Agradezco a José Carmelo la oportunidad que me brinda de reflexionar sobre la importancia de las redes sociales durante los años transcurridos desde que empecé la oposición hasta que llegué a Ponts, mi primera y actual notaría. Reflexión en la que se identificarán, sin miedo a equivocarme, muchos de los que han pasado por este trance. Veamos.

El trece de febrero del año dos mil quince, en el Colegio de Notarios de Cataluña, juré mi cargo de notario. Una Biblia sostenía mi mano derecha. El acto tenía ese halo de tradicional, de antiguo, que tanto ayuda a solemnizarlo. Solemnidad que, es justo reconocerlo, tanto gusta en el Notariado. El lugar, digno de tal acto: la sede de Barcelona, en la calle del Notariado, atesora uno de los mejores y más grandes depósitos de documentos notariales de Europa, con escrituras cercanas a los ochocientos años de vida. Anteriores a España, anteriores a tantas cosas…

Ciertamente, una profesión como la nuestra, trabajada durante siglos por la práctica constante y uniforme, que guarda el fruto de su trabajo, la escritura, hasta la perpetuidad, necesita recordar que la Historia (en mayúsculas) en muchas ocasiones lleva signo, firma y rúbrica de un notario.

Pero el apego a la tradición y al papel no impide, para los que somos de una generación tan cercana a las nuevas tecnologías, ver la trascendencia que las redes sociales, y en general el desarrollo de las tecnologías de la información, tienen en nuestro día a día. Como notarios e incluso antes, como opositores. Como anticipé al inicio, me referiré a este último aspecto, el otro se lo dejo al anfitrión de este blog.

Efectivamente, hoy nadie llama al contestador de la gestoría para escuchar las notas de la última sesión de orales, ni tenemos que esperar a las revistas jurídicas para leer un buen resumen de las sentencias del Tribunal Supremo, ni leer diariamente el Boletín Oficial del Estado buscando reformas, ni necesitamos llamar a casa de ese amigo de nuestro padre, notario de Madrid, para enterarnos de los últimos rumores sobre la próxima convocatoria de notarías. Incluso, fallos técnicos mediante, la temida o deseada nota del dictamen podemos verla a través de la página web del colegio celebrante de una oposición. Oposición, por cierto, retransmitida en tiempo real a través de Twitter. Y, cómo no, qué decir de ese aprobado que, cuando llega, lo pregonamos a los cuatro vientos, en twitter, Facebook y allá donde a la euforia se lo ocurra.

Ciertamente, internet y las redes sociales han suplido muchas de estas rutinas que han acompañado al opositor, bien podríamos decir, de manera consuetudinaria. El sufrido opositor ya no necesita, aunque nunca sobran, largas tardes en la biblioteca de la facultad de Derecho actualizando sus temas, ni visitas constantes a la secretaría de la academia de preparación para mendigar temas actualizados. Para eso tiene internet y, como vehículo de participación e inspiración, las redes sociales.

Y es que estas redes, además, ventilan un olor a cerrado y a soledad, instalado en la mente del opositor, que a veces resulta insoportable. Las redes permiten al opositor estar conectado con el mundo exterior, acaso la gran añoranza que le ha acompañado desde que el mundo es mundo. Le permite, figuradamente, salir de su habitación de estudio y relacionarse. Disfruta, al otro lado de la pantalla, de los regalos que los Reyes magos le han dejado en casa, de las pistas de Baqueira, y, en verano, de las templadas aguas del Mediterráneo en Granada. Se produce una relación extraña con los individuos del mundo exterior, esos que hasta hace poco eran compañeros de carrera o de colegio mayor. Gente que bebe mucho y  come bien, que viaja, que se enamora y que sonríe, que tiene ingresos, que disfruta de la vida y los placeres propios de los veinteañeros, mientras uno toma conciencia de que el camino tomado puede ser largo, y siempre incierto. Y, si pasan los años de estudio, esos mismos jóvenes, enamorados, se casan y forman una bonita familia. Y el opositor se alegra a través de Facebook: un me gusta y un “enhorabuena, que seáis muy felices. A ver si nos vemos pronto”. Un mensaje muy sentido, pero que suena a melancólico. Y a veces hasta incómodo, pero mucho mejor que el silencio, que el olvido.

Y es que el opositor analiza las cosas desde un prisma, con frecuencia, deformado. A veces no disfruta de las buenas noticias ni lamenta las malas como debiera. Su esfuerzo diario, sus problemas de socialización y su rutina de estudio afectan a su capacidad de empatizar con aquello que alegra o entristece al resto. La tensión permanente de la oposición puede sacar en uno facetas que ni él mismo conocía. Es una extraña sensación que sólo el opositor conoce, y que, con frecuencia, no todos la conocen.

Y es justo reconocer, y muchos lo piensan, que las redes sociales pueden ser, igualmente, una distracción incompatible con la oposición. Y es que un móvil con las aplicaciones de Twitter y Facebook es un juguete del demonio si cae en manos del opositor equivocado. Y no les falta razón. Algunos siguen anclados en ese viejo dogma de “primero aprueba, luego ya tendrás una vida”. Y, aunque cierto en esencia, se olvida de que, bien organizado, el día permite pequeños placeres. En todo caso se añade una nueva virtud necesaria para el opositor activo en redes sociales: un extra de concentración y de organización. Otra suerte de disciplina, innecesaria por inexistente hasta hace pocos años, que le permita seguir al día en las mismas sin menosprecio de su obligación de estudiar. Es difícil pero posible. Yo lo hice y conozco a muchos que también lo han hecho.

Y estos frecuentes paseos por las redes, válidos para desconectar brevemente de la rutina del estudio (y a veces maldecirlo), válidos para airear la mente antes de cantar el siguiente tema, válidos para sentir que tus horas de estudio son compatibles con algo más, también valen como pretexto perfecto para aprovecharse de las muchísimas aportaciones que desinteresados, y a veces buenos, juristas hacen en Twitter, Facebook, Linkedin, etc. Juristas que, con tiempo, sosiego y medios, llegan donde el opositor no llega.

Y este aprovechamiento constante, a veces involuntario, de novedades legislativas, jurisprudenciales o doctrinales, que tanto me ayudaron como opositor, lo siguen haciendo como notario. La necesidad de estar actualizado la he sufrido y la sufriré, como el resto de mis compañeros, desde el día 16 de septiembre de 2005, que empecé la oposición, hasta, como mínimo y si Dios quiere, el 1 de noviembre de 2052, cuando me jubile.

En fin, ahora que ya he aprobado, ahora que “tengo mi vida”, sigo usando las redes como un medio eficaz de comunicación, en dos vertientes: por un lado, como un instrumento más de difusión y promoción de la función notarial, a la que tanta falta le hace pero que tan merecida se la tiene. Por otro lado, en lo personal, ya no responde a la idea de satisfacer las necesidades de un opositor desconectado del mundo, sino al profundo deseo de interesarme y saber de aquellos a los que aprecio (Facebook) y al placer de aprender de aquellos a los que, en muchos casos, ni conozco ni conoceré (Twitter).