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El DNIe en la Notaría

05 abr. 2016
DNIe

Cuando una persona acude a la Notaría, parece bastante lógico que deba identificarse para realizar cualquier actuación. De vez en cuando asaltan dudas sobre cómo identificarse, pues encontramos una pluralidad de documentos, con diversos fines y efectos, y no todos sirven para ello, al menos en la Notaría. No es necesario decir que, al menos físicamente, el medio de identificación más común es el Documento Nacional de Identidad, cuestión que traté en este post

 

Su efecto identificador legalmente se reconoce en el el artículo 1 del RD 1553/2005, de 23 de diciembre, que admite que dicho documento tiene suficiente valor, por sí solo, para acreditar la identidad y los datos personales de su titular que en él se consignen, así como la nacionalidad española del mismo. Según el artículo 2.1, es obligatoria su obtención por los españoles mayores de catorce años residentes en España.

 

He dicho físicamente, porque lo que sucede es que ese documento cada vez es más digital y menos analógico. Cada vez es más 3.0 y menos 1.0. como analizó mi compañero Francisco Rosales en este post, fundamentalmente con reflexiones en torno a su seguridad y privacidad.

 

Por eso, echando un vistazo breve a la evolución del Documento Nacional de Identidad en nuestro país, podríamos concluir que el actual Documento Nacional de Identidad Electrónico (DNIe) es la herramienta de identificación telemática más extendida en nuestro país, al menos potencialmente: actualmente, según datos oficiales de la Policía Nacional y del Ministerio del Interior, se han expedido más de 45 millones de DNIe, lo que permite tener una idea del potencial que tiene este documento para popularizar la firma electrónica.

 

No obstante, este dato hay que tomarlo con cautela, pues no todos se han expedido a la vez, ni todo DNIe está operativo, ni todos los dispositivos móviles actuales pueden utilizar la tecnología necesaria (por ejemplo, los iPhone no pueden hacer uso de la tecnología NFC, aunque algunos modelos potencialmente sí dispongan de ella al estar su uso restringido a Apple Pay). 

 

 

El primer Documento Nacional de Identidad electrónico

 

 

El DNI tradicional quedó sustituido y superado en el año 2006 por el primer DNI electrónico, que a las funciones de acreditación de la identidad de su titular incorporó, conforme al artículo 15 de la Ley 59/2003 de Firma Electrónica, acreditación electrónica de la identificación personal de su titular y funciones de firma electrónica. En ambos casos, para su uso se requería un lector de tarjetas inteligentes y la introducción de un código PIN. De manera paralela, y también desde 2006, los pasaportes expedidos son electrónicos (pasaporte-e).

 

Añade el artículo 15 que todas las personas físicas o jurídicas, públicas o privadas, reconocerán la eficacia del DNIe para acreditar la identidad y los demás datos personales del titular que consten en el mismo, y para acreditar la identidad del firmante y la integridad de los documentos firmados con los dispositivos de firma electrónica incluidos.

 

Es a partir de ese momento cuando pudimos comenzar a plantearnos seriamente las estadísticas de uso de las funciones de firma electrónica empleando el DNIe. Para ello debemos tener en cuenta que no todas las personas que desde entonces han tenido un DNI electrónico conocen o recuerdan su código PIN (Personal Identification Number) o disponen de un ordenador debidamente configurado en cuanto a software y hardware (lector de tarjetas).

 

Concretamente, la encuesta del Instituto Nacional de Estadística sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares del año 2014, reflejaba que mientras que el 47,9% de la población de 16 a 74 años de edad disponía de DNIe, solo el 8,5% tenía lector de tarjetas inteligentes. El porcentaje de usuarios que lo habían utilizado alguna vez era del 14,9% para las relaciones con las Administraciones Públicas, del 4,9% para las relaciones con empresas privadas (banca en línea, seguros, etc.) y del 5,9% para firmar documentos.

 

 

El DNIe 3.0 con tecnología NFC

 

 

Para solventar ese problema, el actual DNI electrónico, denominado DNIe 3.0, cuya expedición comenzó en 2015, viene provisto de tecnología NFC (Near Field Communication) y su interfaz es dual, de modo que permite mantener la compatibilidad con los lectores de tarjetas. Las ventajas son que ahora tanto la identificación como la firma electrónica se pueden realizar sin lector de tarjetas, y que el primero de los dos ya no necesita PIN.

 

En materia de autenticación de firma electrónica, el DNIe soporta la verificación de usuario mediante código PIN, que es personal e intransferible. Existe un contador de intentos de introducción de PIN que puede bloquear el sistema en caso de un número determinado de errores. No obstante, es posible desbloquearlo con huella dactilar del usuario. Este sistema de desbloqueo, tiene también un número de intentos disponibles.

 

También permite realizar una identificación biométrica del titular de ésta mediante huella dactilar, si bien esta función sólo estará disponible en puntos de acceso controlados. Se verifica la huella del DNIe con los datos biométricos obtenidos desde el dispositivo lector de huella. Si la evaluación supera el umbral, la verificación es correcta. En caso contrario, la tarjeta anota una presentación errónea sobre esa huella devolviendo el número de intentos restantes.

 

 

¿A qué servicios podríamos acceder con el DNIe?

 

 

Por todo ello, y aunque el actual DNIe 3.0 no es pionero en incorporar la firma electrónica, quizás sí esté en mejor posición que su predecesor para asentar su uso.

 

La Administración General, tanto del Estado como autonómica y local ha ido adecuando progresivamente muchos de sus servicios al DNIe: Los diferentes Ministerios y Consejerías, el Servicio Público de Empleo, la Seguridad Social (por ejemplo consultar notificaciones), la Agencia Estatal de Administración Tributaria (por ejemplo para presentar la declaración del IRPF), el Padrón municipal (por ejemplo para pedir un certificado de empadronamiento), el Catastro, etc. En el ámbito privado, los Bancos y Correos por ejemplo también permiten hacer uso del DNIe.

 

Por tanto, partimos de la idea de que el DNIe es común, pero el 3.0 está en proceso de implantación. De hecho, yo únicamente he visto dos. Obviando esa circunstancia, el DNIe debería suponer dos tipos de ventajas en la relación entre el titular del mismo y el Notario, relacionadas con la presencia física o telemática en la Notaría.

 

 

El DNIe en la Notaría: identificación biométrica y firma electrónica

 

 

En relación a la presencia física en la Notaría, no creo que sea necesario decir que el hecho de poseer DNIe no exime al titular de presentarlo físicamente en el momento de la firma para que el Notario pueda identificarle debidamente, y dar fe además de la coincidencia del otorgante con el poseedor del DNIe. 

 

Hasta aquí, nada nuevo: esta es la característica básica del DNI desde antes de  ser electrónico. Podríamos añadir la captura de datos automatizada al escanear el documento, pero eso es más una ventaja para el Notario que para el otorgante (lo cual, dicho sea de paso, tampoco es malo).

 

Lo que sí comienza a valorarse además es la procedencia de incorporar a la actuación notarial la identificación biométrica mediante huella dactilar, que combinada con las garantías de seguridad del DNI actual podría suponer un avance para evitar o minimizar las suplantaciones de personalidad, aunque lo cierto es que tampoco existe un número elevado de casos, ya que porcentualmente son escasos en relación al total de identificaciones que los Notarios realizan diariamente. 

 

En todo caso, si se llegara a plantear, entiendo que lo sería como complementaria a la presentación física del DNI, y no sustitutiva de ella, por lo que fijaríamos un doble control: exhibición del documento y concordancia de huella. Quien quisiera suplantar la personalidad de otro debería pasar esos dos filtros y además un tercero: el del juicio del Notario.

 

La identificación se realizaría entonces por el documento oficial, y la huella sería una garantía aneja y complementaria de seguridad, al cotejar con la única base de datos que almacena dichos datos, que es la de la Policía. Sería crucial en este punto garantizar no sólo el secreto de esa comunicación, sino también que no se almacenarán los datos biométricos de las personas fuera de los cauces legalmente establecidos. Quizás sea ciencia ficción, yo creo que no… pero el hackear una huella digital o utilizar aplicaciones para cambiar la cara de una persona en tiempo real están ya aquí, quizás todavía no de manera muy avanzada, pero tiempo al tiempo. 

 

De hecho, si se arbitrara una vía de doble sentido a esa base de datos, podría aprovecharse cualquier visita a la Notaría para actualizar y depurar los datos, como cambios de domicilio o errores en fechas de nacimiento o nombres, que, aunque parezca que no, son bastante comunes. Será casualidad, pero en poco espacio de tiempo he tenido que autorizar dos actas de notoriedad por errores en el nombre y los afectados, por supuesto, han tenido que ir al Registro Civil a obtener la certificación acreditativa para subsanar el error, luego a la Policía y finalmente a la Notaría.

 

Nótese que he situado esa identificación biométrica como complementaria de la exhibición física del DNIe, lo cual es relevante porque no me estoy planteando (al menos todavía), una identificación directamente biométrica del sujeto, como ocurre por ejemplo en Colombia.

 

Otra cuestión a valorar sería el empleo de la firma electrónica incorporada al DNIe como sustituta (sucesora, más bien) de la firma manuscrita. Esto añadiría además otro plus de seguridad, pues a todo lo anterior se añadiría la obligación del sujeto de conocer el PIN, lo que fijaría un cuatro punto de control en la actuación notarial. No obstante, para ello sería necesario transitar hacia una matriz en todo o en parte electrónica. Pero eso ya lo dejo para otro post.

 

 

El DNIe fuera de la Notaría: identificación del firmante y, también, firma electrónica

 

 

El DNIe debería ser la base que permita la relación telemática del Notario con los particulares, para todos aquellos supuestos en los que la relación no sea necesario que sea presencial. Cierto es que la absoluta mayoría de los casos la presencia física en la Notaría es necesaria, pero existen ciertas situaciones en las que el Reglamento Notarial permite que eso, al menos en un primer momento, no sea así.

 

Por ejemplo, el artículo 205 del Reglamento Notarial admite que el Notario sea requerido por medio de carta cuya firma le sea conocida o aparezca legitimada, si se trata de requerimientos urgentes o por ejemplo, con plazo cercano a su fin. A nadie escapa que esta norma realmente hoy tiene poco sentido: si el plazo es perentorio, es probable que sea más rápido y eficaz que el sujeto acuda a la Notaría que el hecho de enviar físicamente una carta. En esas situaciones de urgencia, podría emplearse el DNIe como medio de identificación a distancia, asimilando la carta con correo electrónico.

 

Como actualmente no hay muchas más posibilidades de remisión o recepción de comunicaciones telemáticas directamente con los particulares, deberemos esperar a una mayor madurez de las mismas para obtener más situaciones en las que admitir ese DNIe. Quizás para la solicitud y expedición de copias electrónicas autorizadas o para garantizar el acceso a una futura (espero) nube notarial.