Blog

Dos errores al valorar el impacto de bitcoin en el sector legal

26 abr. 2016
Bitcoin vs sector legal

Hoy toca hablar de bitcoin. Mejor dicho, toca volver a hablar de bitcoin, pues lejos queda ya aquel post sobre herencias y bitcoin de julio de 2014, que fue, de hecho, de los primeros del blog, cuando comenzaba a plantearse su vertiente económica y jurídica, y tratábamos de comprender mejor el fenómeno de la cadena de bloques para analizar su encaje en la actuación notarial

 

Desde entonces, he tenido la ocasión de aprender algunas cosas sobre bitcoin y blockchain, fundamentalmente a través de mi amigo y compañero (por ese orden) Javier González Granado, Notario de Formentera. De hecho, dudo mucho que nadie consiga explicar de una manera tan clara y brillante la relación entre el notario y bitcoin como él hace, por ejemplo en este post publicado en su blog y en este otro publicado en notariAbierta

 

De hecho, yo ni lo voy a intentar. Simplemente recomiendo directamente la lectura de dichos posts y suscribo, punto por punto, lo que comenta. No obstante, de sus conclusiones me gustaría subrayar las siguientes:

 

El registro de documentos en la blockchain pone en valor las fortalezas del bitcoin (descentralización, seguridad y publicidad).

 

Permite, anexando un archivo cualquiera a una transacción en bitcoins, dejar constancia de la existencia y contenido de dicho archivo en el día y hora en que se realizó aquella transacción.

 

El notariado latino, que es el más extendido en el mundo, es mucho más complejo, rico y garante que el notariado anglosajón.

 

No garantiza la legalidad del contenido de un documento, ni la identidad ni la capacidad de sus firmantes.

 

En ningún caso atribuye al documento el valor y efectos de un documento público y dicho servicio, ni cualquier otro similar que, bajo cualquier nombre pueda crearse, nada tiene que ver con la actividad notarial. 

 

Pero ello no quiere decir que su utilización carezca de valor jurídico; la cadena de bloques de bitcoin puede ser utilizada como medio de prueba que determine el contenido inmutado del documento registrado en una hora y fecha determinada.

 

 

Dos errores al valorar el impacto de bitcoin en el sector legal

 

 

Pero lo cierto es que, de alguna manera, sí me gustaría aportar alguna reflexión sobre la materia, complementaria a lo anterior, ya que constantemente estamos leyendo noticias, posts y tuits en las que se aventura que la blockchain (o el bitcoin, que suelen utilizarse de manera indistinta cuando no son lo mismo) va a acabar, no solo con los Notarios, sino también con los Registradores, con los abogados o con los Bancos. Ojo, que si nos descuidamos, acaba también con los médicos, con la tortilla de patatas sin cebolla, con la siesta y con el fútbol. Y eso no puede ser.

 

Bromas aparte, es cierto que la blockchain es una tecnología disruptiva que puede implicar un cambio radical en muchos sectores, una transformación del modo de prestar muchos servicios, como también lo es el fenómeno de la economía colaborativa o lo es (será) la inteligencia artificial. Y en esos sectores debemos entender incluido el legal, que no sólo no es ajeno a ellos, sino quizás, si no tomamos en cuenta el uso de la cadena de bloques como criptomoneda, el más directamente afectado.

 

Vista la importancia de dicha tecnología y sus potenciales aplicaciones, de lo cual pocos dudan hoy en día, creo que se parte de un análisis erróneo de la situación cuando se habla de que la blockchain va a sustituir a tal o cual servicio, por dos motivos: primero, por confundir el medio técnico para prestar un determinado servicio, con el prestador de servicio en sí; y segundo por plantear la idea de enfrentamiento entre ese medio técnico y el prestador del servicio. Veamos cada uno de estos dos puntos por separado.

 

 

No confundamos el medio con el servicio

 

 

La base de la primera de las ideas es, como vimos, que la cadena de bloques es una tecnología que se centra en la descentralización (la información, sea cual sea la que incorpore, no está centralizada en un único punto), seguridad (en el momento de registro y en la alteración de contenido) y publicidad (las transacciones incorporadas a bitcoin son, en cierto modo, públicas). 

 

Esa tecnología permite una pluralidad de usos, que tienen como punto en común el registro en la cadena de bloques. Quién registre, qué registre y cómo lo haga es otra cosa completamente distinta. Dicho de otro modo, con este medio técnico podemos asegurar registro, trazabilidad o conocimiento relativamente notorio,  pero no podemos presuponer que lo que se registra, traza o es relativamente notorio sea veraz, legal y válido.

 

Por eso, por ejemplo, la cadena de bloques es solamente el medio técnico que empleará un abogado para conservar un documento privado. Pero el medio (cadena de bloques) ni sustituye al abogado (que es quien redacta el contrato), ni al documento en sí (que es lo que queda incorporado a la cadena de bloques) ni al modo de hacerlo (el momento idóneo por ejemplo, para proteger mejor a su cliente). Pongo el ejemplo del abogado, porque el del Notario ya lo desarrolló perfectamente Javier González Granado en los posts de referencia.

 

Es más, pensar que el medio puede reemplazar por sí mismo al prestador del servicio es como pensar que el Autocad iba a eliminar a los arquitectos, la firma digital a los Notarios, el GPS a los transportistas o el Photoshop a los diseñadores. A todos los anteriores, esas tecnologías les ha dado una herramienta para mejorar y adaptar su trabajo, pero no los han eliminado. 

 

Esto será así, al menos hasta que se pueda sustituir a la persona que emplea dichos medios por inteligencia artificial fuerte, lo cual, no obstante, lejos de ser ciencia ficción, está acercándose con cierta rapidez. Pensemos en Watson y preparémonos para valorar la capacidad haciendo tests de Türing o de Voight-Kampff.

 

Mientras eso no llegue, pensar que la blockchain puede eliminar la figura que la utiliza, y que se sirve de ella, es tanto como afirmar que todos sabemos siempre qué debemos hacer, cómo debemos hacerlo y cuándo. Y eso, creo que todos tenemos claro que no es así. Ni todos sabemos de leyes, ni Google o la Wikipedia dan soluciones a todo.

 

Otra cosa distinta es que un medio técnico nuevo, perfeccionado y estable sí pueda sustituir a otro medio técnico más antiguo, imperfecto e inestable. El procesador de textos sustituyó a la máquina de escribir. El correo electrónico (casi) ha sustituido al correo postal. Los archivos digitales de sonido (están en camino de sustituir a) a los cassettes y vinilos. Pero siempre habrá alguien escribiendo o dictando, enviando un correo o componiendo y escuchando música. Hablamos por tanto de mejorar la eficiencia con la que se presta el servicio, no de eliminar el servicio en sí.

 

Recordemos que, hace casi cuarenta años, el video iba a matar a la estrella de la radio. Y seguimos teniendo video y radio. Incluso muchos, en pleno nacimiento de la revolución iPod hace ya más de diez años, con la nueva y excitante posibilidad de tener miles y miles de canciones en el bolsillo, criticaban que careciera de radio. Y aún hoy, en los dispositivos móviles, las apps de radio, y la radio online son todavía indispensables para muchísimas personas, y plataformas como iTunes se esfuerzan en servicios que pueden resultar similares a una radio bajo demanda. 

 

¿Significa eso que nos va lo retro y lo vintage o que hay cosas que funcionan como son y que simplemente hay que adaptarlas y no sustituirlas? En mi opinión, lo segundo, lo cual nos lleva a tratar el segundo de los errores de concepto.

 

 

El enfrentamiento y la sustitución, ¿son inevitables?

 

 

La segunda de las ideas erróneas a la que me he referido, y que creo es consecuencia de la anterior, es que cuando se escribe o se habla sobre blockchain se parte de una idea de enfrentamiento. De nosotros o ellos. De un inevitable WIN-LOSE. De un “sólo puede quedar uno”, y yo no lo veo así.

 

No sé si por estrategia de marketing, porque el mensaje logra más difusión, o por cualquier otra razón, se plantea que la blockchain debe eliminar al prestador del servicio para que su éxito sea total. Incluso se populariza un cambio de nomenclatura en el lenguaje para importar conceptos como la securización, la notarización o el empoderamiento.

 

Pensemos una cosa: si un servicio, digamos tradicional, lo presta por ejemplo un Banco, el hecho de que blockchain pueda incidir en su modelo de negocio, probablemente suponga no eliminar la figura del Banco como intermediario financiero, sino sustituirla por otro sujeto con funciones análogas. No tendremos Bancos, pero tendremos mineros de bitcoin, wallets, cajeros bitcoin… Cambiamos los Trusted Third Parties tradicionales por Trusted Third Parties digitales. Javier González Granado, de nuevo, lo explica extraordinariamente bien al comentar que compañías como Stampery quieren mandar a los Notarios de vacaciones… para pasar a ser ellos los nuevos Notarios. Irónico, ¿no?

 

Como vemos, ambas reflexiones confluyen aquí: el medio puede ser idóneo para mejorar un servicio, y si los prestadores de ese servicio no lo adaptan con éxito, otro lo hará. Dicho de otro modo: ¿por qué no pueden esos sectores, teóricamente amenazados, aprovecharse de la blockchain? O, desde otro punto de vista: ¿tan superior es la blockchain a lo que los servicios actuales pueden prestar? ¿tanta comodidad da? ¿a un precio tan sustancialmente barato? Para responder a estas preguntas, no sólo hay que conocer la cadena de bloques, sino también el servicio que se quiere sustituir, y eso, al menos en lo que a los Notarios respecta, no es así.

 

 

¿Y qué debe hacer el notariado en este punto con la blockchain?

 

 

No se preocupen, ya me lo digo yo mismo: buena pregunta.

 

Las propias características del notariado hacen que no seamos unos simples testigos fríos y distantes de una firma, que se plasma en un documento que no redactamos y que simplemente archivamos. Quizás eso pueda predicarse del notariado anglosajón, ya que nuestro notariado obliga al notario a influir en el antes, el durante y el después de un negocio jurídico, y eso bitcoin no lo puede sustituir, aunque quiera hacerlo. 

 

Pero eso no puede significar que obviemos su fuerza, su popularidad y sus potenciales beneficios y amenazas, por lo que, indiscutiblemente, la primera reflexión es que debemos analizar cuidadosamente el uso notarial de la cadena de bloques para ver: a) si podemos o no adoptarla; b) en caso positivo, en qué momento de la prestación del servicio notarial; c) desde un punto de vista negativo, qué podemos perder si no la adoptamos y d) desde un punto de vista positivo, qué podemos ganar si la adoptamos.

 

Naturalmente, estas cuestiones ni pueden tratarse en un post como este, ni de manera individual. Mi respuesta rápida a las mismas parte de la idea de que: a) sí podemos adoptarla; b) en múltiples momentos; c) una oportunidad de volver a ser pioneros digitales en el sector legal y d) una oportunidad de aumentar la eficiencia del servicio.

 

En mi opinión, y aunque podríamos adoptarla en momentos previos a la actuación notarial como medio de recepción y cotejo telemático seguro de documentos, es posteriormente a la actuación notarial donde más efectos puede desplegar. 

 

Sería interesante estudiar este medio para encauzar la actuación notarial para el archivo de documentos públicos electrónicos (valorando si matriz o copia autorizada o incluso copia de seguridad de los mismos), pero sobre todo para el registro de documentos digitales que nos depositen los usuarios o en la copia de seguridad que de los mismos que se conserve para hacer más eficiente el depósito. 

 

Efectivamente, el depósito de archivos digitales (no de soportes) podría hacerse del modo en que el Notario y el depositante convengan, y si convienen en hacerlo mediante la cadena de bloques, ya sea de modo principal o como copia de seguridad del archivo depositado por otra vía, la blockchain se convertiría en un instrumento más que el Notario utiliza para prestar su función. No es muy distinto de que el Notario alquile una caja de seguridad en un Banco para guardar un objeto valioso que le sea depositado, salvando las distancias.

 

Pero no quiero dejar pasar esta ocasión para apuntar una idea interesantísima que, como no, procede de las reflexiones de Javier González Granado, y es aplicarlo a la fase de ejecución de un contrato inteligente: el contrato como tal es el recogido en la escritura pública y el llamado smart contract queda reducido a lo que realmente es, un medio eficaz de garantizar la ejecución de algunos contratos. Recuerda que los llamados contratos inteligentes o smart contracts se han definido como un híbrido entre un contrato y un programa informático, y tienen asegurada su efectividad con independencia de la voluntad o actitud de las partes y sin necesidad de intervención de un tercero, incardinándose su especialidad en la fase de ejecución contractual. Pone como ejemplos el de los préstamos garantizados (si el deudor no registra el pago en la cadena de bloques en un fecha determinada se efectúa un traspaso inmediato de la criptomoneda pignorada a la cuenta del acreedor) y las compras garantizadas (el comprador consigna una transacción en la cadena de bloques que solo se liberaría cuando el contrato inteligente tenga constancia de la entrega de la cosa o de la anotación de los valores en la cuenta del comprador.

 

Con lo anterior no quiero decir que todas esas facetas serían intrínsecamente mejores si se utilizara la blockchain, ni siquiera que sea el mejor medio digital para prestar el servicio notarial digital, ni que estén exentos de riesgos y de complicaciones, pero lo que es indudable es que han abierto una puerta de estudio. Por tanto, estas son simples muestras de comentarios y reflexiones sobre la materia, y estoy seguro que existirán otras opiniones, a favor y en contra, más amplias y más restrictivas. Hablemos. Creo que debemos hacerlo.