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El concurso notarial, o cómo los notarios cambian de plaza.

31 oct. 2014
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No se si a mis compañeros les pasará lo mismo, pero una de las conversaciones más frecuentes que tengo con conocidos o amigos que desconocen cómo funciona internamente el notariado es la siguiente: “¿Dónde estás ahora?”. Esa pregunta implica saber que la notaría está demarcada en una población concreta, lo cual ya es algo. La siguiente pregunta es “¿Y no te quieres acercar más a tu casa?”. Eso, obviamente, cuando la notaría, como suele ser habitual los primeros años de profesión, está lejos del lugar de residencia deseado. Tras contestar que sí, la tercera pregunta es “¿Y cómo te puedes acercar más?”.

 

A esa tercera pregunta quiero contestar en este post, aprovechando que el pasado día 24 de octubre se publicó definitivamente un nuevo concurso notarial y tras un período muy largo que ha tenido a muchos compañeros recién aprobados con el título de notario bajo el brazo pero sin plaza designada. Así, a partir de ahora puedo remitir a mis conocidos a este post.

 

El concurso notarial es más que un cambio de notaría.

 

Antes de entrar en materia, me gustaría destacar que el concurso notarial no sólo es un cambio de notaría, sino también una forma de tener entretenidos a los notarios durante algún tiempo. Me explico: El concurso da para muchas tardes y noches de meditar, pensar, valorar y decidir, pero también para mucho ocio y cotilleo.

 

Primero, estamos entretenidos en la previa del concurso con los típicos “que si se convoca que si no”,  “que si nos pilla agosto o no” o “que si se resolverá rápido o lento”. Una vez publicado, nacen o aumentan las dudas sobre si echar o no la instancia. Finalizado el plazo de presentación de la instancia nacen las cábalas de “me tocará esta o me la quitarán”, “me han dicho que concursa uno más antiguo”, “a ver quién llega a la plaza que dejó tal Notario”, “fíjate que igual se cubre tal Notaría”… Resuelto  el concurso llega la parte de cotilleo notarial: “Pues fulanito se ha ido a una peor que la que tenía”, “Fíjate que Menganito se debe de haber peleado con el compañero o los empleados”, “Dicen que Zutanito deja vacante una buena”, etc…

 

La demarcación notarial.

 

Entrando ya en la cuestión, lo primero que hay que tener en cuenta es que el notario no puede ubicar su oficina donde estime oportuno, sino que hay una demarcación notarial, pendiente de revisión, que determina en qué poblaciones debe haber notario, cuántos notarios en su caso, y qué clase tiene la notaría (primera, segunda o tercera, dependiendo de factores como el número de habitantes o transacciones).

 

Esas poblaciones pueden tener notario en activo o pueden estar desiertas, lo que significa que no tienen notario cubriéndolas y que de manera transitoria otro notario, no titular de la plaza, está haciéndose cargo de prestar el servicio notarial en dicha población. 

 

Todas estas notarías que no tienen notario titular, son a las que pueden optar los demás notarios en el concurso notarial. ¿Y por qué están desiertas las notarías? Las vacantes suelen darse por los supuestos más comunes de fallecimiento del notario, por haberse trasladado a otra notaría en un concurso anterior, por haber solicitado excedencia y por jubilación, pero también hay otras con menor incidencia práctica como la inhabilitación absoluta o especial del notario, la renuncia o el abandono del cargo. También hay notarías vacantes porque nunca han sido cubiertas, o lo que es lo mismo, desde que se crearon, ningún notario las ha servido.

 

¿Cada cuánto hay concurso notarial?

 

Eso no quiere decir que cada vez que en un notario se den algunos de los supuestos anteriores la notaría salga a concurso, sino que se agrupan todas las notarías vacantes y cada cierto tiempo, se convoca un concurso notarial, quedando en el ínterin vacantes y siendo cubiertas por un notario sustituto, como ya he comentado.

 

De hecho, no hay una periodicidad determinada para convocar concurso. Normalmente hay uno o dos al año, pero ni hay obligación de convocarlos cada determinado tiempo ni cuando se llega a un número determinado de vacantes.

 

A modo de ejemplo, en el año 2012 se convocaron concursos el 13 de abril y el 15 de octubre. En el año 2013 se convocaron el 11 de marzo y el 26 de noviembre. En el año 2014 no se ha convocado concurso hasta el 20 de octubre, que fue publicado en el Boletín Oficial del Estado el pasado día 24 de octubre.

 

La convocatoria del concurso notarial.

 

La Dirección General de Derecho y de Entidades Jurídicas del Departamento de Justicia de la Generalitat Catalana, para la Comunidad Autónoma de Cataluña, y la Dirección General de los Registros y del Notariado, para el resto de España, convocan concurso notarial en que se incluirán las notarías vacantes que no hayan resultado cubiertas en el concurso anterior, lo que se denomina notarías desiertas, y las vacantes que hayan ocurrido hasta el día precedente a la fecha del anuncio del concurso de que se trate. Se publica, junto con la convocatoria del concurso, un anexo en el que se relacionan todas y cada una de estas notarías.

 

¿Por qué Cataluña puede convocar sus concursos notariales? Porque tienen asumida esta competencia de acuerdo con el artículo 147.1.a del Estatuto de Autonomía de Cataluña. No obstante, y pese a esa competencia que les permitiría convocar individualmente concursos para cubrir las vacantes en Cataluña, lo cierto es que desde que esa competencia se está ejercitando se están coordinando las administraciones estatales y catalana para ofrecer una convocatoria simultánea y en el análisis conjunto de las solicitudes presentadas para que luego cada administración resuelva respecto de las vacantes a que se refiere su ámbito territorial de manera uniforme.

 

La presentación de la instancia.

 

El anuncio del concurso se publicará en el Boletín Oficial del Estado y los Notarios que deseen concursar presentarán en la Dirección General instancia firmada dentro de los quince días naturales siguientes a la publicación, que deberá reunir ciertos requisitos de fondo y forma, como por ejemplo firma manuscrita o consignación de no incurrir en incompatibilidad para ninguna de las notarías solicitadas.

 

El momento de presentar la instancia es esencial, pues una vez presentada, el notario concursante (así se nos llama) no podrá anular, ampliar, disminuir o modificar su solicitud, y si le es adjudicada una notaría, no podrá renunciar a la notaría adjudicada y quedarse en la que esté sirviendo. 

 

Dicho de otra forma: hay que pensárselo muy bien antes de presentar la instancia, motivo por el cual la inmensa mayoría de ellas se presentan el último día, e incluso a última hora. Eso lo saben muy bien las gestorías que tradicionalmente prestan a los notarios el servicio de recepción, aguante y presentación de la instancia, siguiendo instrucciones concretas para cada caso.

 

¿Y como sabemos qué notarías pedir?

 

En la instancia se solicitarán las notarías que estime oportuno el notario concursante, por lo que el que sólo esté interesado en una notaría, sólo incluirá esa. El que esté interesado en varias, deberá además ordenarlas por orden de preferencia, pues si le es adjudicada la primera, el resto quedan sin efecto para él. La única excepción es para los notarios de nuevo ingreso que, en su primer concurso, deben solicitar y ordenar todas las notarías vacantes.

 

Los criterios para concursar a uno u otro destino son absolutamente personales e intransferibles, y van desde la cercanía al lugar de residencia habitual o deseada, el volumen de documentos (notarías con alta actividad o notarías más tranquilas), tipo de trabajo (notarías de ciudad o rurales), etc.

 

La resolución del concurso.

 

Una vez finalizado el plazo, hay que esperar hasta que en el Boletín Oficial del Estado se publica la resolución del concurso, lo que se hace tras haber comprobado todas las instancias y asignado, según las solicitudes, las nuevas plazas a los notarios. Para hacernos una idea, suele publicarse aproximadamente un mes después del cierre del plazo.

 

Por tanto, los notarios concursantes deben esperar más o menos un mes para saber si la plaza que han solicitado les ha correspondido oficialmente, pero antes de eso se elaboran una serie de listados oficiosos, sin ninguna validez ni efecto, que derivan del chequeo y comprobación de las instancias por las gestorías que se encargan de tramitarlas. 

 

Eso es lo que tradicionalmente se denominan avances notariales y permiten que desde el mismo día que se cierra el plazo, se tenga más o menos una idea de si la plaza ha correspondido o no. Esos avances son cambiantes, pero tienen una alta fiabilidad, que va aumentando conforme pasa el tiempo desde que se cierra el plazo.

 

¿Cómo se determina a qué notario corresponde cada plaza?

 

El criterio para atribuir las plazas es doble: El denominado primer turno, que da preferencia al notario de mayor antigüedad en la carrera notarial sobre el más reciente, por estricto orden de ingreso, lo cual determina el número que tenga el notario en el Escalafón. Por ejemplo, si una notaría sale en el concurso a este turno primero, será preferido el notario que tenga un número de Escalafón Notarial más antiguo. Por tanto, el notario número 1.533 será preferido al notario 1.534, y todo ello con independencia de la clase de la notaría que se solicite. 

 

El denominado segundo turno, da preferencia al notario de mayor antigüedad en la clase de la notaría que se solicita (como dije, hay notarías de primera, segunda y tercera). En este caso sirve el ejemplo anterior, pero tomando como base la antigüedad sirviendo una notaría de la clase a la que salga, siendo preferido, por ejemplo, para cubrir una primera, un notario que ya tiene antigüedad en otra primera sobre otro notario que no la tiene, aunque su número de escalafón sea más antiguo.

 

Una vez resuelto, a tomar posesión.

 

Finalmente, una vez resuelto y publicado el concurso, la notaría que haya sido adjudicada debe ser necesariamente servida por el notario adjudicatario, pues, como dije, no cabe la renuncia ni el arrepentimiento. Surgen entonces unos plazos y unos requisitos internos que deben ser cumplidos, como por ejemplo cesar en la notaria de origen y tomar posesión en la de destino.

 

Una vez tomada posesión de una plaza, el notario debe esperar un un año para volver a concursar, lo que coloquialmente se denomina “estar congelado”. Una vez el notario se “descongela”, puede volver a concursar, si la notaría no ha sido lo que él esperaba.