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¿Existe la identidad virtual?

19 feb. 2015
Identidad virtual

Lo que comúnmente se conoce con la denominación de “identidad virtual”, para mí se puede enfocar exclusivamente desde dos ángulos absolutamente opuestos, y que dependen de que se entienda que la identidad virtual es algo distinto de la identidad real, o que se entienda que la primera forma parte de la segunda. 

 

Me explico: Defender que la identidad virtual está separada de la identidad real supone defender que, en el momento en que una persona se conecta a internet, del modo que sea, crea un sujeto nuevo, otro “yo” distinto del “yo” real. 

 

Esa nueva identidad virtual, que no se personificaría, o que como mucho lo haría en una dirección IP, nunca podría ser sujeto de derechos ni de obligaciones. Nunca podría ser persona. Como es obvio, ir por esa vía crearía unos problemas jurídicos terribles, además de conseguir desligar del concepto de persona un atributo esencial de la misma: su identidad. Resulta que el concepto de identidad está tan indisociablemente unido a la persona que esta primera opción, para mi, debe desestimarse.

 

 

No hay una identidad virtual distinta de la identidad analógica.

 

 

La identidad puede ser definida como la suma de todos los elementos que permiten individualizar a una persona. De esta definición resulta que la identidad es el resultado de que un conjunto de elementos, más o menos coherente, converjan en una persona, creando una unión que cumple una función individualizadora.

 

El primer dato importante es que el eje de esa unificación es una persona, sea ésta física o jurídica. Sin ella no se puede hablar de identidad, del mismo modo que sin el concepto de persona no se puede hablar de un sujeto receptor de derechos y obligaciones.

 

El segundo dato importante es que se compone de un conjunto heterogéneo de circunstancias. Hasta hace relativamente poco, entendíamos que el sujeto tenía, por ejemplo, una faceta laboral y una doméstica, o una como cónyuge y otra como progenitor, todas ellas en la vida digamos analógica. Hoy entendemos que además hay una faceta digital, y que ésta es distinta en cada perfil de cada red social de que forma parte o en cada usuario de cada juego online. Como consecuencia, para mí no hay una identidad virtual distinta de la identidad analógica: Forma todo un conjunto que delimita al sujeto en su relación con los demás.

 

 

No son identidades virtuales, son perfiles o cuentas.

 

 

Siempre es importante la precisión terminológica, pero en el mundo del derecho es esencial. Muchas noticias sobre testamentos y el mundo digital contienen numerosas imprecisiones en el uso de vocabulario jurídico (se habla muy a la ligera de herederos, legatarios, herencias o albaceas), y un mal uso de los conceptos también puede inducirnos a error en esta materia. 

 

Yo entiendo que la identidad virtual es una parte de la identidad general de la persona: Igual que en la vida real podemos ser socios de un club de tenis, abonados de un club de fútbol, miembros de una asociación religiosa o de una fundación benéfica, en la vida digital podemos optar por crearnos perfiles en multitud de redes sociales, abrirnos cuentas en plataformas de juego online o en tiendas de aplicaciones y también crear nicks en salas de chat.

 

Personalmente, no encuentro la utilidad de deslindar todo lo “digital” de lo “real”. Ni siquiera a efectos sucesorios o testamentarios. No obstante, sí es cierto que muchísima gente sí quiere que estén en compartimentos estancos de su vida, razón por la cual cada vez se está preocupando más por la privacidad y por el acceso anónimo.

 

 

¿Cómo queda ligado cada perfil o cuenta a su creador?

 

 

Todos tenemos claro que para entrar en cualquiera de los clubes “analógicos” hay que identificarse previamente, probablemente pagar una cuota y establecer relaciones con otros miembros del club, por ejemplo, para echar una partida de frontenis. Sí, todavía hay gente que juega al frontenis.

 

Pero lo que no tenemos tan asumido es que tengamos que registrarnos con esa identificación en los clubes “virtuales” de los que formamos parte. Si nos pidieran los mismos datos para registrarnos en Facebook que para apuntarnos a un Casal Fallero o a una Cofradía de Semana Santa, la red social seguro que no sería tan popular: Documento de Identidad, número de cuenta bancaria, dirección para enviar comunicaciones, etc. 

 

Normalmente, con un correo electrónico que esté operativo y poco más, en cuestión de segundos podemos crear cuántos perfiles queramos. Y esto no es malo en sí mismo, si no se va a utilizar de manera indebida ese perfil para hacer maldades. 

 

Eso nos lleva al gran dilema, que no es otro que el anonimato o la identificación previa para acceder a Internet, como tratan en el recomendable documental de la BBC Inside The Dark Web (el enlace es a unos clips, no está ya disponible el documental completo). La respuesta, por supuesto, no puede ser unitaria, ni es fácil, ni es irrevocable. Hay muchos puntos de vista confluyentes y muchos intereses en juego. Vigilancia, anonimato, comercio, libertad, seguridad…

 

 

¿Anonimato o identificación para acceder a Internet?

 

 

Un primer paso, siempre necesario, es acceder a la Red. Ahora, este acceso es relativamente anónimo. Digo relativamente anónimo porque es notorio que aunque a primera vista el dato de acceso a internet sea privado, como ha dicho el Tribunal Supremo en relación a la IP, lo cierto es que una investigación bien realizada puede llegar a identificar, al menos, al titular de una conexión. TOR, Darknet y similares a parte, claro.

 

Yo no soy partidario de establecer en este punto un control de acceso a Internet. Quiero decir que no soy partidario de tener que identificarme cada vez que, en general, accedo a internet. En la vida real, si entro en un Centro Comercial, llevo mi DNI en el bolsillo, preparado para ser identificado si es necesario, pero no entro en la tienda y exhibo mi documentación a nadie, ni voy dejando voluntariamente un rastro de qué artículos he visto, por cuáles he preguntado y cuáles me he probado. Ni siquiera en nombre del Big Data.

 

No obstante, y si se piensa bien, eso es exactamente lo que ocurre cuando se utiliza una línea de teléfono: El primer dato que se recibe es un número completamente anónimo, pero para ser titular de esa línea y poder utilizarla hay que identificarse previamente, incuso para obtener un número de teléfono móvil prepago. Y no parece que nadie ser rasgue las vestiduras por ello.

 

 

Y la segunda pregunta: ¿Anonimato o identificación para acceder a redes sociales?

 

 

Aclaro que cuando digo redes sociales me refiero a todo aquello que pueda generar una relación con terceras personas, lo que no sólo incluye redes sociales sino también foros y chats de internet o comentarios en blogs o en medios de comunicación, por ejemplo.

 

Yo en este punto sí soy partidario de establecer cierto control de acceso y registro. Nótese que digo “cierto”, lo que no quiere decir que todo el mundo pueda ver quién soy: Ningún humano, que yo sepa, va por la calle con un chip que le permita ser identificado por los demás a distancia. Ese es un dato que las personas comunican si quieren, cuándo quieren y con quién gustan compartirlo.

 

Eso no significa otra cosa que establecer una identificación previa que permita de manera inequívoca llegar a saber fácilmente quién está detrás de un nick o de una cuenta en una red social. Y esto parcialmente enlaza con el principio del post: ¿Podemos tener una única identificación (que no identidad) digital?

 

 

La identificación digital como parte de la identidad virtual.

 

 

Lo primero que se me ocurre es, lógicamente, la firma electrónica. A estos efectos, podría ser suficiente si nos atenemos al Reglamento UE 910/2014 de 23 de julio sobre identificación electrónica. El problema es el de siempre: Muchos tienen pero pocos usan esa tecnología actualmente.

 

Lo segundo, acudir a algún medio de reconocimiento de la persona. Estoy hablando por ejemplo, de la huella dactilar, que ya está ampliamente implementada por grandes fabricantes de smartphones como Apple o Samsung. El problema en este caso es que no todos los accesos a internet se hacen desde un terminal móvil, e implementar esa tecnología en todos los ordenadores con acceso a internet es, hoy por hoy irreal.

 

En tercer lugar, tenemos la posibilidad de aplicar la tecnología del blockchain de bitcoin para crear una verdadera identificación virtual unitaria. Fácil, barato y relativamente rápido. El problema en este caso proviene de que no veo posible que se adopte por los poderes públicos como esencial una tecnología que tiene como razón de ser la criptografía. Pero bueno, todo es ponerse.

 

Sea como sea, cualquiera de estas opciones, hoy en día es irreal. No obstante, hace veinte años también era irreal pensar que todos iban a tener una dirección de correo electrónico o, como he comentado, que habría que identificarse para usar cualquier línea de teléfono.

 

 

La identidad virtual y el Notario.

 

 

No puedo acabar la entrada sin hacer una breve reflexión sobre las identidades digitales y el Notario. Lo cierto es que poco casan ambas, pues en todo caso la actuación notarial requiere que quien solicita la actuación notarial se identifique debidamente, no sólo para que el Notario de fe de conocimiento, sino también como control en materia de fraude y blanqueo de capitales. 

 

Por eso, los supuestos en que el Notario puede admitir un requerimiento telemático son prácticamente inexistentes, lo que nos hace evitar plantearnos, al menos hoy, ya que entiendo excede el ámbito de este post, el valor identificatorio de la firma electrónica.

 

Más relación tiene cuando se requiere al Notario para que autorice un acta de redes sociales e internet, como traté en este post y en este otro. El Notario, como es obvio, puede acceder a una determinada red social, pero no puede dar fe de quién es el titular real de la misma, aunque el nombre y apellidos y la fotografía sean de una determinada persona. Ni siquiera por notoriedad, pues los perfiles falsos son, desgraciadamente, algo relativamente frecuente en redes sociales.

 

Este post forma parte del segundo #retoblog del año 2015 promovido por Alfredo Herranz (@alfherranzen su blog. Otros posts sobre el tema:

 

Una identidad virtual legítima que destierre el anonimato, por Silvia Barrera (@sbarrera0)

¿Existe la identidad virtual?, por Francisco Rosales de Salamanca Rodríguez (@notarioalcala)

Mi vida digital viene sin manual de instrucciones, por Susana González Ruisanchez (@SusanaCyZ)

La identidad virtual: Una perspectiva jurídica de futuro, por Alfredo Herranz  (@alfherranz